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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 519

Unos minutos antes, cuando Jaime salió, en la sala sólo quedaron Federico y Virginia.

Federico estaba recargado en una esquina del sillón; su figura larga y relajada se hundía en los cojines.

De vez en cuando levantaba la mirada hacia el cuarto del bebé.

—Federico… ¿podemos hablar tantito en el balcón? —preguntó Virginia.

Cada vez que veía a Federico, siempre traía mala cara.

Pero esa vez, por primera vez, le habló en serio y sin pleito.

Federico no mostró interés.

—Dime aquí.

—Es sobre Gloria. Quiero hablar contigo a solas. —Virginia se levantó—. Y también tiene que ver con los Mendizábal.

Al oír eso, la mirada de Federico se afiló.

Salieron al balcón y Virginia aseguró la puerta.

—¿Qué tanto sabes de lo de los Mendizábal? —Virginia se recargó en el barandal, seria—. ¿En qué situación está Gloria realmente?

Federico miró hacia la ciudad bañada por el sol; calles atascadas de carros y gente moviéndose como hormigas, reflejadas en sus ojos.

—No sé exactamente qué pasó dentro de los Mendizábal, pero la situación de Gloria no se ve nada bien.

A Virginia se le tensó la cara.

—¿Ni siquiera tú has podido averiguar qué pasó en realidad?

—Es algo viejo… y es un secreto familiar. Ni José ha podido sacar la verdad.

José, siendo Mendizábal, había sido desplazado sin que se diera cuenta.

Aunque Federico tuviera recursos de sobra, no podía desenterrar en poco tiempo lo que pasó años atrás.

—¿José? —murmuró Virginia—. ¿Qué es él para los Mendizábal?

—El hermano de Lucas. El segundo hijo. —Federico la miró—. Ya viste a la directora del orfanato.

Lo dijo casi como afirmación.

Virginia asintió.

—¿Y por qué investigas a los Mendizábal? ¿Es por Gloria? ¿Tú… quieres ayudarla?

Federico guardó silencio.

El aire se volvió pesado.

—Estos dos de verdad… se metieron al cuarto y ya no salen. Mejor ni lo prepares, voy por ellos.

Virginia fue directo y sacó a Raúl y a Jaime.

Gloria dejó el biberón y miró hacia el balcón.

Justo Federico también volteó. Sus ojos profundos se le clavaron encima.

Gloria fue la primera en apartar la mirada y regresó al cuarto para dormir a Lalo.

Cuando por fin lo calmó y volvió a salir, Federico y los demás ya se habían ido.

La empleada de la casa se llevó a descansar a Virginia un rato, y en la sala sólo quedó Gloria, con el celular en la mano, sin saber muy bien qué hacer.

—Ya los corrí yo. ¿No vas a dormir un rato? —dijo Virginia.

Gloria negó.

—No puedo.

Virginia dejó el celular y palmeó el asiento a su lado.

—Entonces ven. Vamos a platicar. Justo tengo algo que decirte.

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