Federico no respondió. No se sabía si aún no lo había pensado o si simplemente no tenía ganas de contestarle a Raúl. Raúl condujo para llevarlos a casa.
Cuando llegaron a Residencial Bahía Montero, ya eran las nueve de la noche. El ama de llaves ya se había acostado a dormir con Lalo. Margarita salió de inmediato a recibirlos al escuchar el coche.
Raúl abrió la puerta y Federico bajó con Gloria en brazos. Al ver el estado de la joven, Margarita entendió enseguida lo que había pasado.
—¡Señor, voy a preparar la tina!
—En mi habitación —indicó Federico con voz seca.
Tras dejarlos, Raúl cumplió su misión y se marchó con resignación al no recibir ni siquiera una mirada de agradecimiento de su amigo.
En el tercer piso, dentro de la habitación de Federico, Margarita preparó el agua caliente y se retiró.
Federico se quitó la ropa, metió a Gloria en la tina y la lavó con sumo cuidado. Al sentir el agua tibia, el cansancio comenzó a disiparse y a Gloria se le escapó un suave suspiro.
Ese simple sonido casi hace que Federico volviera a perder el control. Tragó saliva, pero al final logró reprimir el impulso de su cuerpo; hizo el esfuerzo de terminar de bañarla, la secó y la acostó en la cama.
Entre el colchón suave y la pijama cómoda, el agotamiento de Gloria se multiplicó, dejándola profundamente dormida.
Federico, en cambio, no pudo pegar el ojo en toda la noche.
A las ocho de la mañana del día siguiente.
Gloria fue despertando poco a poco, sintiendo el cuerpo tan adolorido como si le hubiera pasado un camión por encima.
Las absurdas escenas del día anterior inundaron su mente. Bajo el edredón ligero, su cuerpo desnudo le confirmaba claramente lo que había pasado. El inconfundible aroma amaderado de Federico, que todavía flotaba en el aire, terminó de confirmarle que estaba en su habitación.
¡Estaba de vuelta en la casa!
Se sentó de golpe, pero el movimiento le dio un tirón en la entrepierna y soltó un quejido de dolor. La sábana se deslizó y dejó al descubierto tantas marcas que se quedó paralizada; sin atreverse a mirar más, se cubrió de inmediato con la cobija.

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