—No hay ningún porqué.
Gloria no tenía intenciones de contestar una pregunta tan inútil.
La expresión de Tomás se apagó.
—Siento que me estás tratando con demasiada distancia. La verdad es que solo quería saber cómo estabas. Trabajas para el Grupo Larrinaga, pero sigues en contacto con Federico y hasta me conseguiste el trabajo en su empresa. ¿Acaso... tienes miedo de que yo sea una bomba de tiempo y le traiga problemas al Grupo Larrinaga? ¿Solo estás usando a Holding Rivadeneira porque en realidad no se llevan tan bien? Si es así, ¿por qué sigues cerca de él? ¿Te tiene amenazada?
A Gloria no le pareció que su preocupación fuera sincera.
Estaba llena de dudas y sonaba a interrogatorio.
Lo pensó un momento antes de contestar:
—No me tiene amenazada, pero sí me estoy apoyando en él para mantener distancia de los Mendizábal. Es verdad que nuestra relación no es la mejor.
Ella sabía perfectamente que Federico se portaba increíble con ella, pero no tenía por qué darle explicaciones a Tomás.
Solo le dijo lo necesario para que Tomás dejara de fastidiar con el tema.
Sin importar si Tomás era de los buenos o de los malos, no quería que le diera problemas a Federico.
—Qué bueno, mientras haya alguien que te cuide, me quedo tranquilo. —Tomás le volvió a llenar el vaso de agua que ya iba a la mitad—. Sabiendo que las cosas entre ustedes no son tan cercanas, voy a tener muchísimo cuidado en la empresa para no meterte en problemas ni darle motivos a Federico para enojarse contigo.
Al mantener su relación en secreto, Gloria no estaba acostumbrada a darle detalles de su vida con Federico a nadie.
Los pasos afuera del salón volvieron a sonar y se alejaron poco a poco.
Gloria sintió un escalofrío recorrerle la espalda; volteó rápidamente hacia la puerta, pero por la rendija solo alcanzó a ver el filo de un saco negro desapareciendo a lo lejos.
—Ya, come —le dijo a Tomás mientras tomaba sus cubiertos.
Fue una plática exprés. En total, no estuvieron ahí ni media hora.
Gloria tenía pensado ir a buscar a Federico a su oficina para hablar de Tomás, pero luego se arrepintió y pensó que era mejor decírselo en la casa.
Pero, para su sorpresa, Federico no llegó a dormir esa noche.
Al día siguiente tampoco apareció. A la hora de la cena, al ver que la mesa solo estaba servida para ella, no aguantó más y le preguntó a Margarita.
—¿Hoy tampoco va a llegar Federico?

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