—Mi situación es diferente a la tuya —Federico tomó su copa y chocó el cristal contra el de Raúl—. Gloria es mi exesposa. Compartimos una intimidad absoluta. En este mundo no existen los «hubiera». Su hijo es mío.
—¿Me estás diciendo que estás enamorado de...? —Raúl dejó la frase en el aire.
—El verdadero problema eres tú —lo interrumpió Federico—. La mujer que eligió tu esperma podría ser fea, vieja y estar en la miseria. Tu hijo podría estar pasando hambre, con los genes de un genio médico desperdiciados sin siquiera tener la oportunidad de ir a la escuela...
Federico hablaba con calma, pero cada palabra hundía un poco más a Raúl.
Solo de imaginar que en veinte años pudiera aparecer alguien con rasgos parecidos a los suyos, hecho un desastre y llamándolo «papá», a Raúl se le revolvía el estómago.
Raúl echó la cabeza hacia atrás y se tragó el contenido de la copa de un solo trago.
Un ardor áspero le recorrió la garganta de golpe. Se sobresaltó y miró el vaso. ¡No era agua! ¿Se había equivocado de copa?
Miró la mesa llena de docenas de vasos con líquido transparente; a esas alturas ya era imposible distinguir cuál era agua y cuál era licor. Observó a Federico de reojo.
Este último también vació su copa de un trago, frunció el ceño y soltó un ligero siseo de sus labios. Por lo visto, él también había tomado alcohol de verdad.
Si Federico hubiera tomado agua, seguro se habría dado cuenta.
—Otra ronda —dijo Raúl, y guiándose por su memoria de dónde había puesto el agua y dónde el licor, tomó dos copas más y le pasó una a su amigo.
—Pobre niño, tener un padre como tú es un castigo —la voz de Federico era serena, pronunciando con claridad frases diseñadas para destruirle la moral—. Imagínate si le toca un padrastro abusivo que lo golpee todos los días...
Raúl sintió que la sangre le hervía ante esas palabras y se tomó su trago de golpe.
—Échate otra. Ya que estamos en esto, vamos a tomar en serio.
Federico le acercó otra copa.
—Mientras no busques a ese niño, él no te buscará a ti. Te tiene que valer madres si vive bien o mal. Míralo por el lado amable, capaz y le va de maravilla.

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