Gloria no le había mencionado a la ama de llaves qué pasaba exactamente entre ella y Federico.
Era una historia larga, y resumirla solo causaría más confusión.
Seguramente la ama de llaves pensaba que ella y Federico eran un matrimonio de verdad.
—Tienes... razón, trataré de cambiarlo —dijo Gloria.
Entrecerró los ojos y le sonrió a la mujer.
—Lo dije sin pensar, no te vayas a enojar si hablé de más. Sigue con lo tuyo, voy a regar las plantas.
Al ver la pila de documentos frente a Gloria, la ama de llaves decidió no molestarla más y se retiró.
Gloria se sumergió de nuevo en su trabajo. Media hora después, Federico salió del solárium con Lalo en brazos.
Sostenía el pequeño cuerpo de Lalo con sus antebrazos fuertes y firmes.
Lalo dormía profundamente, abrazado a su brazo con esa fuerza instintiva de los bebés.
—Dámelo —dijo Gloria, dejando los papeles y levantándose para recibirlo.
Federico esquivó sus manos extendidas.
—Lo pondré en la carriola, primero hay que comer.
Acostó a Lalo con mucho cuidado. El bebé se estiró un poco, pero Federico lo acomodó de lado y siguió durmiendo.
Gloria empujó la carriola hasta el comedor y se sentó frente a Federico.
—No tenías que esperarme, podías haber empezado a comer.
Recalentada, la comida ya no tenía el mismo sabor ni la misma presentación que recién hecha. Especialmente las verduras; Federico recordaba que Gloria siempre había sido muy especial con eso.
—No pasa nada, Margarita y la ama de llaves cocinan tan bien que el sabor no cambia aunque se enfríe un poco.
Gloria se moría de hambre. En la mañana había salido a las prisas y solo se comió medio sándwich.
Había andado a las carreras toda la mañana; en el Grupo Larrinaga aún quedaban muchísimos detalles sueltos que ella tenía que resolver uno por uno.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA