Gloria hizo lo que le pidió, tomó las cosas y se dirigió directo a la casa de Jaime.
Media hora después, estacionó el carro en la puerta de la casa de Jaime.
Antes de que se detuviera por completo, Jaime salió corriendo de su casa y se subió al coche.
—Rápido, vamos al aeropuerto a recoger a mi papá. Anoche se me pasaron las copas y ya casi se me hace tarde.
Acababa de bañarse. Olía a jabón, pero todavía despedía un inconfundible olor a alcohol.
—¿Cuánto tomaste? —Gloria no pudo evitar fruncir el ceño.
Jaime se rascó la cabeza.
—No las conté. El caso es que cuando desperté estaba rodeado de botellas. Supongo que ahorita todavía traigo los niveles de alcohol por las nubes.
Por eso le había pedido a Gloria que lo llevara al aeropuerto.
Gloria pisó el acelerador a fondo y se dirigió directo al aeropuerto.
Acelerando a todo lo que daba, por fin llegaron justo cuando el avión aterrizó.
—Espérame aquí, voy a platicar con mi papá. Si nos arreglamos, lo llevamos juntos al hotel; si no, nos regresamos a la empresa.
Jaime se quitó el cinturón de seguridad y se bajó, advirtiéndole a Gloria:
—Por nada del mundo vayas a subir.
Gloria asintió.
—Entendido.
Ella no tenía derecho a opinar si el Grupo Larrinaga debía o no colaborar con el Grupo Mendizábal, y no iba a hacer el ridículo buscando que Mateo la mandara a volar.
Jaime se alejó con el sello oficial y los documentos, caminando con la determinación de quien va a jugárselo todo
Gloria apagó el motor, bajó un poco la ventana para dejar una rendija, ajustó el asiento para estar más cómoda y se quedó esperando en el coche.
Mientras esperaba, recordó la videollamada de hacía un rato y le mandó un mensaje a la mayordoma.
[En cuanto Lalo despierte, acuérdate de mandarme mensaje.]
La mayordoma no le contestó.
Resultaba que Alicia estaba de necia y se negaba a irse. Ella y Paulina se turnaban para cargar a Lalo, así que la mujer ni siquiera podía tomarle una foto, mucho menos contestarle la videollamada a Gloria.
Gloria esperó unos diez minutos sin recibir respuesta, pero entonces vio salir a Jaime del elevador, echando chispas del coraje.
Al pasar junto a un bote de basura, hizo pedazos los documentos y los tiró.


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