Alicia le encasquetó rápido a Lalo a Margarita, jaló a Paulina y se metió corriendo al baño para esconderse.
La mayordoma escondió los zapatos de ambas que estaban en la entrada y se apresuró a recoger las tazas de té que habían dejado en la mesa.
Federico salió por la puerta lateral del jardín de invierno para recibir a Gloria, quien apenas se bajaba del carro.
A través de la ventana, Gloria alcanzó a ver unas sombras moverse de forma extraña en la sala.
Sin embargo, antes de que pudiera fijarse bien, Federico se paró frente a ella bloqueándole la vista.
—¿Por qué llegas hasta ahorita?
Gloria cerró la puerta de su coche y se acomodó la correa de su bolsa en el hombro.
—Ayer te dije que tenía junta en la tarde.
Federico metió las manos en las bolsas del pantalón y se recargó en el carro de ella.
—¿Por qué se peleó Jaime con su papá?
—¿Tú cómo sabes eso? —preguntó Gloria, sorprendida. Habían pasado apenas un par de horas desde el incidente. ¿Cómo se había enterado Federico tan rápido?
—Mateo mandó a decir que cualquiera que se atreva a ayudar a Jaime, se estará ganando al Grupo Larrinaga como enemigo.
En cuanto se corrió la voz, la noticia llegó a oídos de Federico.
Gloria había pensado que los pleitos de familia nunca duraban.
Jaime era el único hijo de Mateo, así que suponía que después de unos gritos y un par de días de ignorarse, todo volvería a la normalidad.
Pero hacer tanto escándalo como para que todo el mundo se enterara... ¿acaso esta vez el pleito iba en serio?
—Entonces, ¿dices que le canceló las tarjetas y lo corrió de la casa?
Gloria ajustó su forma de pensar. Efectivamente, se habían peleado, y en serio.
Pero al final eran padre e hijo; lo más seguro es que Mateo solo estuviera intentando obligar a Jaime a agachar la cabeza.
En todos esos años, Jaime se había ganado a pulso su reputación de rebelde indomable. Seguro Mateo quería darle una lección para enderezarlo.
¿Y cómo pensaba lograrlo? Pues cortándole los fondos, para dejarlo sin opciones y obligarlo a regresar a casa con la cola entre las patas.
—Déjame hacer una llamada.
Sin esperar respuesta de Federico, Gloria caminó hacia la parte trasera de su coche y le marcó a Jaime.

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