Con la llegada del otoño, las noches en Río Alicante eran frescas y el viento soplaba con fuerza por las calles.
Jaime se bajó del taxi lanzando al aire el sello oficial de la empresa y atrapándolo con la mano. Caminaba hacia la entrada del complejo residencial, sumido en sus pensamientos.
Al llegar a la puerta del edificio, se detuvo, sacó su celular e hizo una llamada.
—¿Qué dices si hacemos equipo? Por Gloria.
Tras un silencio absoluto al otro lado de la línea, se escuchó la voz desinteresada del hombre.
—Ve al grano.
—Me corrieron de mi casa, ya no puedo proteger a Gloria, así que te la encargo. Pero tengo una condición. —Jaime seguía lanzando y atrapando el sello de la empresa—. Cuando se resuelva el problema con los Mendizábal, vamos a competir limpio y dejaremos que Gloria elija. ¡Nada de jugar sucio!
—Ja —se burló el hombre con cinismo—. Si hablamos de jugar sucio, los Granados se llevan el premio mayor.
—Déjate de estupideces. Si no aceptas, me regreso al Grupo Larrinaga y me parto la madre para protegerla. ¡Seguro que se va a conmover!
Jaime se negaba a doblegarse ante su familia.
—No hace falta que me lo pidas, la voy a proteger de todas formas.
Apenas el hombre terminó la frase, Jaime aventó el sello.
El objeto hizo una parábola y cayó directo en un bote de basura con un golpe seco.
—¡Al diablo con esto! Si quieren firmar ese contrato, se van a quedar con las ganas.
Jaime colgó la llamada, entró al edificio y, siguiendo las indicaciones de Gloria, tomó el elevador directo al piso doce.
Era un departamento por piso, y al salir del elevador se topó con un recibidor bastante amplio.
Tomó unas pantuflas del clóset de la entrada, tecleó el código y abrió la puerta.
El lugar estaba a oscuras; la luz de la luna apenas iluminaba los muebles.
La decoración no estaba nada mal y el espacio era enorme. El único detalle raro era que...
Sobre el mueble de la entrada, había un llavero de un osito de peluche.
¿La dueña era mujer?
Mientras examinaba el llavero, Jaime se quitó el saco, se aflojó la corbata, se sacó la camisa y empezó a desabrocharse el cinturón.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA