Amelia estaba furiosa. "¿Qué les pasa a los del Grupo Mendizábal? Nosotros trajimos a dos personas de su departamento de proyectos, ¡y ahora no nos dejan entrar a nosotras!"
Gloria sacó su celular. "Mejor así, regresaremos temprano a casa."
Si no fuera por temor a que el rumor de una enemistad con Irene Orozco afectara el proyecto recién iniciado, ni siquiera habría ido.
Pero si a Irene no le importaba quedar mal, a ella mucho menos.
Justo después de enviarle un mensaje a Sebastián Salazar, escuchó una pequeña exclamación por parte de Amelia.
"Este... ¿acaso es...?"
Gloria la miró y siguió la dirección de su mirada.
Federico Córdoba llevaba puesto un impecable traje oscuro de alta costura, un corte exclusivo que resaltaba a la perfección su imponente y musculosa figura.
Con la postura recta y sus largas piernas marcando el paso, caminaba con una elegancia arrolladora.
"¿Ese es el señor Córdoba de Holding Rivadeneira?"
Amelia apenas estaba empezando su carrera, pero ya había escuchado el nombre de Federico Córdoba.
¡Y jamás imaginó que se lo toparía ahí!
¡En persona era mucho más guapo que en las fotos, Federico en carne y hueso!
Y lo más sorprendente fue que Federico la miró y... ¡se dirigió directamente hacia ella!
¡Amelia se quedó sin palabras por la emoción, sentía el corazón en la garganta!
"¿Por qué no entran?"
Federico se detuvo frente a Gloria, y en el fondo de sus intensos ojos oscuros solo se reflejaba la imagen de ella.
Gloria salió del repentino sobresalto que le aceleró el pulso.
"Decidimos no entrar."
Federico arqueó una ceja y miró de reojo a Amelia. "¿Qué sucedió?"
Amelia tartamudeó. "Es que... ¡e-ellos no nos dejaron entrar a la señora Loyola y a mí!"
Federico sabía que si Gloria no hubiera tenido la intención de entrar, simplemente no habría ido.

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