Gloria se detuvo un instante antes de recuperar la compostura y entró al ascensor que bajaba al estacionamiento.
Federico la estaba esperando apoyado en su auto. Llevaba la camisa blanca ligeramente desabotonada y un poco salida del pantalón, dándole un aire desaliñado.
Las mangas arremangadas dejaban ver un reloj carísimo que reflejaba las luces del lugar, iluminando justo su cuello, donde se marcaban claramente las venas bajo su piel.
—¿Era necesario que tomaras para este tipo de eventos?
Gloria se acercó y desbloqueó el auto.
Federico abrió la puerta, se subió y tiró la corbata en el asiento trasero.
—Me encontré con Vidal Beltrán y tomamos un par de copas.
Al mencionar a Vidal, giró lentamente la mirada hacia Gloria.
—Su hija se casa con César a finales de año, y me invitó a la boda.
Gloria hizo una pausa mientras se abrochaba el cinturón de seguridad.
—Faltan poco más de dos meses. Ya casi es Fin de Año.
—¿Cuáles son tus planes? —preguntó él.
—¿Mis planes sobre qué? —Lo miró de reojo—. La verdad... ya no quiero seguir en Río Alicante.
—¿Vas a volver a Belgrano Norte?
Gloria se quedó en silencio unos segundos antes de negar con la cabeza.
—Claro que no. Voy a ir a...
A un lugar donde nadie la conociera, para vivir tranquila junto a Lalo.
Pero antes de pronunciar las palabras, se encontró con la profunda mirada de Federico y se las tragó.
—Mejor vamos a casa. Hoy en la tarde vi a alguien muy parecida a Margarita en el centro comercial. Llevaba un bebé en brazos, hasta pensé que era ella paseando a Lalo.
Decidió cambiar de tema bruscamente.
La mirada de Federico se tensó. Una fugaz expresión de incomodidad cruzó su rostro mientras miraba su reloj.
—Belgrano Norte debería estar entre tus opciones cuando decidas dejar Río Alicante. Piénsalo bien.
Gloria soltó un poco el acelerador y luego volvió a pisarlo.

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