—En resumen, ve con el gerente Pilar y dile que saque un tiempo lo antes posible para ir allá.
Viendo que no valía la pena ahondar más en el tema, Gloria decidió enfocarse en el trabajo.
—Está bien. No se preocupe, señora Loyola. Aunque soy un poco lenta para entender, ¡le juro que voy a asimilar todo lo que me está enseñando!
Amelia se rascó la cabeza, sintiéndose frustrada consigo misma por no comprender completamente las palabras de su jefa.
Gloria le hizo una seña para que volviera a sus deberes.
Apenas habían pasado unos minutos desde que Amelia salió, cuando el gerente Pilar entró a la oficina.
—Señora Loyola, no quiero ir al Grupo Mendizábal.
Gloria dejó de lado lo que estaba haciendo y lo miró, exigiéndole una explicación con los ojos.
—Esa gerente Orozco no tiene ni la más mínima idea de lo que hace. Ya hablé todos los detalles del proyecto con Sebastián Salazar, no hay nada más que explicar.
Quedaba claro que el gerente Pilar no sentía el más mínimo respeto por Irene.
—Escuché sobre el altercado que tuvieron ayer. ¿Acaso tienen problemas personales? ¿Podrían resolverlo entre ustedes?
Todo el mundo en la empresa se había enterado del incidente en la recepción, incluido él.
Gloria entrelazó las manos y se tomó un momento antes de responder.
—No tengo ningún problema personal con ella, pero es evidente que ella tiene un resentimiento hacia mí. Puesto que usted es el principal responsable del Proyecto Sudeste, incluso si soy yo quien va a presentarle los detalles a la gerente Orozco, usted tendría que acompañarme. Después de todo, es quien mejor conoce el proyecto. Pero, por ahora... le sugiero que corte la comunicación con Sebastián Salazar. Creo que él debe estar mucho más ansioso que usted.
Gloria había investigado y sabía que Sebastián era extremadamente profesional y ambicioso.
Sabiendo que el proyecto podía avanzar pero que estaba estancado simplemente porque Irene "no lo entendía", estaba segura de que él buscaría la forma de solucionar el problema por su cuenta.
—Esa gente del Grupo Mendizábal no tiene vergüenza. Ponen a una mujer tan conflictiva a cargo, deberían arreglar sus problemas internos antes de salir a hacer negocios.
El gerente Pilar no dejó de quejarse mientras sacaba su celular, pensando cuidadosamente qué mensaje enviarle a Sebastián.
Una vez enviado, bloqueó la pantalla, dudó un segundo y luego miró a Gloria.
—Señora Loyola, no me malinterprete. No la culpo a usted. Es solo que, si la gerente Orozco se la ha agarrado contra usted, mi presencia allá no servirá de nada.

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