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EMBARAZADA TRAS EL DIVORCIO: NO ME QUITES A MI HIJO, SEÑOR CÓRDOBA romance Capítulo 709

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Gloria no tenía adónde huir.

Caminó hacia él. —¿Y Lalo?

—Abajo —respondió Federico, girándose para apoyar los codos en la barandilla. Inclinó su cuerpo hacia adelante hasta quedar al nivel de los ojos de Gloria—. Sobre ese acuerdo... ¿lo anulamos o no?

Gloria bajó la mirada, y sus largas pestañas proyectaron una suave sombra sobre sus mejillas.

—¿Quieres decir que deseas terminar el acuerdo antes de tiempo?

Federico frunció el ceño. —¿Tú qué crees?

Gloria creía que sí.

Aparte de eso, no se le ocurría qué otra cosa podría significar "anular el acuerdo".

No podía ser que Federico quisiera reanudar su matrimonio de verdad y que ella volviera a ser la respetada señora de la familia Córdoba, ¿o sí?

Después de todo, ella tenía un hijo que, supuestamente, "no era" de Federico.

Al ver que ella guardaba silencio, la mirada de Federico se volvió más profunda. —Gloria, en tu cabeza, aparte de los acuerdos y el trabajo... ¿acaso no hay espacio para nada más?

—Por supuesto que sí —replicó ella de inmediato.

—Entonces, dime, ¿qué más hay? —preguntó él con una voz glacial.

—Está Lalo, los asuntos con los Mendizábal, también pienso en Virgi y en Bruno, y en el doctor Esquivel que nos está ayudando. Siento que él tiene otras intenciones con Virgi, ¿será que le gusta?

Y también pensaba en alejarse de Federico.

Su mente estaba tan saturada de problemas que alejarse de él le resultaba imposible, por lo que consideraba esa tarea como un fracaso rotundo.

—Vaya, sí que tienes muchas cosas en la cabeza.

Las palabras salieron de entre los dientes apretados de Federico, marcando cada sílaba.

Tantas cosas en su cabeza, y ninguna tenía que ver con él.

Apretó la mandíbula, marcando la línea definida de su rostro. Tomó una respiración profunda, se dio la vuelta y comenzó a bajar las escaleras.

Gloria tenía demasiados asuntos. Los suyos... tendrían que esperar su turno.

Federico jamás imaginó que algún día sería tan indeciso y blando en asuntos del corazón.

Había convertido su vida en un completo desastre, pero aun así, no era capaz de presionar a Gloria.

Con un humor de perros, bajó al primer piso, fue directo a la entrada, agarró una chaqueta y salió.

Gloria lo siguió, pero solo alcanzó a ver su espalda mientras subía al auto.

—Señora, ¿a dónde fue el señor? —Margarita salió de la cocina al escuchar el motor del auto, encontrando a Gloria sola.

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