Minerva mostró una sonrisa avergonzada y dijo, "Antes, cuando tenía problemas, siempre recibía consejos de tu abuela, así que, esta vez también quería preguntarla su opinión".
Vicente dijo indiferentemente, "Entonces, ¿también vas a preguntar a mi abuela cuando te cases?"
Minerva se sonrojó y echó un vistazo a Rodrigo. "¡Por supuesto!"
Vicente suspiró, "Te vas a arrepentir, mi abuela adora al vagabundo que vive cerca de nuestra casa. Probablemente te presentará a él".
Minerva, "…"
Cecilia contuvo la risa y tomó un bocado de ensalada.
Una sonrisa pasó por los ojos de Rodrigo; fingió estar enojado, "No hagas bromas así".
Todos tenían diferentes expresiones en sus caras, pero la de Minerva era la más incómoda.
Después de un rato de silencio, Minerva volvió a hablar, esta vez sólo con Rodrigo. "Rodri, tengo un amigo que abrió un club nocturno, ya lo vi y está bastante bueno. ¿Qué tal si vamos esta noche?"
Rodrigo comió sin levantar la vista, luego dijo despreocupado. "Ayer me acosté tarde, así que quiero descansar temprano hoy".
Minerva preocupada preguntó, "¿Tuviste una reunión anoche?"
Rodrigo respondió como siempre, "No, fue otra cosa".
Minerva entendió, "¿Viste un partido de fútbol, verdad?"
Rodrigo miró a Cecilia de reojo y respondió sin darle importancia, "Ahh, sí".

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Encuéntrame en tu laberinto