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Ese príncipe es una chica: la esclava cautiva del rey vicioso romance Capítulo 16

EMERIEL

- ¡¿En qué estabas pensando, Emeriel?! -regañó una vez más la señora Livia al regresar a las cámaras de Aekeira-. ¿No deberías estar en los terrenos del festival, sirviendo bebidas? ¿Qué hacías aquí? ¿Acaso deseas ser azotado? ¿Por qué desobedeces órdenes directas? -Su voz, cargada de ira, resonó en la habitación.

Emeriel ignoró el hormigueo persistente en su brazo y bajó la cabeza con respeto.

-Me disculpo, señora Livia. Sé que me ordenó específicamente no acercarme a Aekeira, pero no pude evitarlo. Necesitaba verla, asegurarme de que estaba a salvo.

- ¿Crees que fue idea mía? Esa orden vino directamente del Gran Señor Vladya. No querrás poner a prueba a ese macho, Emeriel. Te devoraría en el desayuno y arrojaría tus huesos a un foso de leones si le placiera. Así es él -bufó la mujer mayor-. ¿En qué demonios estabas pensando?

Ese era el problema. Emeriel no estaba pensando.

Pero tampoco se arrepentía. Incluso si Vladya lo castigaba, seguiría sin lamentarlo. Buscar a su hermana siempre valía el riesgo.

Sin responder, se rascó los brazos con aire distraído.

La señora Livia exhaló con resignación.

-Ve a ponerte tu uniforme. Debemos ir a los terrenos del festival. Es el único favor que puedo hacerte. Pero si alguien nota tu ausencia y se lo informa al Señor Vladya, no moveré un dedo para salvarte del castigo.

Era más de lo que Emeriel podía pedir.

-Entiendo. Gracias, señora Livia.

Se dio la vuelta para irse, rascándose los brazos de nuevo, tratando de aliviar la picazón. La habitación se sentía sofocante, como si el aire se espesara a su alrededor. Tal vez un poco de aire fresco ayudaría...

Entonces lo comprendió.

No.

El calor. La picazón. La quemazón familiar en su vientre bajo.

No. No otra vez.

-No, no, no -murmuró horrorizado, con los ojos desorbitados. Retrocedió un par de pasos, alejándose instintivamente de la señora Livia.

La mujer mayor frunció el ceño, desconcertada.

- ¿Qué te pasa, Emeriel?

-Por las luces... no otra vez -jadeó, la voz quebrada por el pánico. Y como si reconocerlo hubiera desatado algo, la fiebre se intensificó.

El ardor se concentró entre sus muslos, húmedos y sensibles. El cosquilleo ascendía desde su bajo vientre, transformándose en un dolor sordo y palpitante. Emeriel temblaba, consumido por un deseo incontrolable que le robaba el aliento.

Entonces, la primera ola lo golpeó.

Emeriel colapsó de rodillas, su cuerpo eras sacudido por espasmos sin piedad. El bajo vientre se contaría con tal violencia que temió que algo dentro de él se desgarrara. Se aferró al abdomen, sollozando mientras la agonía lo consumía.

-Por los dioses… -murmuró la señora Livia, su voz clara y tensa-. Estás en celo.

Las lágrimas rodaban por sus mejillas. Una mano se aferró al suelo en un intento inútil de anclarse mientras las convulsiones continuaban, una tras otra, sin tregua. La humedad entre sus muslos era inconfundible.

La ola parecía interminable, como si quisiera destrozarlo desde dentro. Oh, Luz… No sé si podré soportarlo otra vez.

-Estoy aquí contigo. Tranquilo… -La mano de la señora Livia se deslizó suavemente por sus costados, un gesto inútil contra un dolor insoportable.

Cuando finalmente la oleada cedió, Emeriel se desplomó, mareado y exhausto.

**************

GRAN SEÑOR VLADYA

Por los dioses, no esta noche. La fortaleza rebosaba de asistentes al festival. Si la criatura se soltaba, no dejaría alma viva a su alcance.

-Era tu amigo, tu mejor amigo. Entiendo que no sea una decisión fácil -continuó Ottai-. Y que Ukrae nos ampare si seguimos el consejo de Zaiper, pero en esto, creo que tiene razón. Ya es hora de considerarlo.

-No mataré a Daemonikai -sentenció Vladya, su voz firme y decidida-. La noche de la Luna del Eclipse se acerca. Cuando llegue, Zaiper podrá hacer lo que desee: matarla o lo que se le antoje. Hasta entonces, no moveré un dedo.

Ottai lo miró con compasión y dejó escapar un suspiro.

-No debería sorprenderme tu respuesta. Has defendido esa postura durante quinientos años.

-Y no te culpo ni te juzgo por ello -dijo Ottai.

Al llegar a las cámaras prohibidas, no se sorprendieron al ver las barricadas hechas trizas y ningún rastro de la bestia. Aekeira se acurrucaba contra la pared, temblando.

- ¿Qué pasó? -preguntó Ottai.

-No estoy segura. No me tocó. Solo me apartó, destrozó las puertas y escapó -tartamudeó, la comprensión de la situación reflejándose en su rostro mientras se ponía de pie de un salto-. ¡Debo proteger a Em!

Vladya frunció el ceño. Los instintos de la bestia la llevarían a cazar, ya fuera hacia el festival o el bosque. Era poco probable que buscara al hermano de la chica.

Se dio la vuelta y avanzó con paso decidido, seguido de Ottai. No tardaron en notar que Aekeira iba tras ellos.

-No debes seguirnos. Es peligroso -advirtió Ottai.

-Por favor, mi señor, solo necesito encontrar a Emeriel -suplicó ella.

Vladya no respondió. No era momento de consolar a humanos aterrados.

Siguieron el rastro de la bestia, guiados por su olor, avanzando con cautela.

- ¿Sigue dentro de los límites del ala sur? -preguntó Vladya, con la mirada fija en el pasillo que se extendía frente a ellos.

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