EMERIEL
La bestia subió a la cama. Su virilidad roja e intimidante apuntaba directamente a Emeriel.
Ella gimoteó tratando de juntar las piernas, pero la bestia gruñó enojada. Emeriel se quedó helada.
Cuando la bestia se acercó de nuevo, ella se levantó de un salto y se puso a cuatro patas. Su cuerpo temblaba de miedo, y sobre por la fiebre del calor que le recorría las venas. Agarró la piel se sus pliegues vaginales y los separó para presentárselos a la bestia.
La bestia aulló fuertemente.
Emeriel se estremeció, pero no rompió su posición. Se sentía desnuda. Todas sus partes íntimas expuestas y vulnerables para el uso de la bestia. Su abertura temblaba, lamiendo líquido y apretando contra la nada.
Una nariz fría se presionó contra su feminidad. Ella dio un sobresalto de sorpresa. Una lengua caliente lamió su núcleo a fondo.
¡Oh, cielos! La bestia tenía su rostro entre sus piernas. Un grito ahogado trepó por su garganta, pero Emeriel lo sofocó de inmediato. ¿Y si mordía? ¿Si esos colmillos enormes se hundían en su piel?
Gimió, mordiéndose el labio contra la suave tela de la cama, temerosa de hacer algún sonido… o algo que pudiera enfurecer al rey bestia.
Un gruñido ronco emergió de su garganta mientras la lamía una y otra vez, ruidoso, hambriento, como si estuviera muriendo de sed y ella fuera su único alivio. Y parecía no poder saciarse.
Su lengua no era humana. Se sentía extraña, bifurcada, con una textura rugosa que rozaba su piel de un modo perturbador. Pero Emeriel apenas podía procesarlo.
Estaba demasiado asustada. Demasiado abrumada por el calor. Demasiado todo para sentir dolor. Y por ello, en parte, se sintió agradecida.
Las enormes patas la sujetaron con firmeza, abriendo aún más sus piernas, manteniéndola expuesta a su voluntad. La bestia se sumergió más hondo, su lengua enredándose en su centro, bebiéndola con avidez. Ronroneaba como un felino complacido con su festín favorito.
-Por favor… -suplicó Emeriel, cerrando los ojos con fuerza, esperando lo inevitable. ¡Me morderá en cualquier momento! Nadie saborea su presa tanto tiempo sin tomar un bocado.
Pero entonces, la lengua de la bestia la invadió por completo, empujando con firmeza, y una oleada de placer inesperado recorrió su cuerpo.
Abrió los ojos de par en par.
La bestia lo hizo de nuevo, su lengua bifurcada empujaba en su abertura, masajeándola en círculos.
-No...! - chilló, tratando de alejarse. Pero su agarre se apretó en sus muslos, manteniéndola abajo sin esfuerzo mientras la lamía por dentro, absorbiendo toda su humedad desde la fuente misma a su boca.
¡Oh, dioses, qué estaba haciendo! Emeriel gritó en su interior, aterrada por la respuesta antinatural de su propio cuerpo.
Pero el miedo no detuvo el placer. Este se expandió, perforando la insensibilidad hasta envolverla por completo.
Incluso el calor abrasador que la consumía comenzó a menguar. De algún modo, las acciones de la bestia estaban disipando aquella sensación sofocante.
Entonces, su lengua bifurcada presionó contra un punto oculto dentro de ella, haciéndole ver estrellas. Emeriel chilló, retorciéndose, tratando de escapar.
Era demasiado. Demasiado intenso. Un placer tan extremo que rozaba el dolor. Aquella sensación no podía ser normal. No tenía sentido.
La bestia ronroneó, complacida, y volvió a presionar justo allí.
La tensión dentro de ella se desmoronó en mil pedazos, y un éxtasis arrollador la consumió. Un grito se le escapó al alcanzar el clímax.
Su cuerpo se derramó, y la bestia lo bebió todo. Ávida. Insaciable. Su lengua se movía con rapidez y destreza dentro de ella, devorando cada gota.
-Me vas a romper en dos, - lloró Emeriel, retorciéndose. -Por favor, para. ¡Oh cielos, ayúdame! - gritó desesperada, sintiendo la intensa presión creciendo dentro de ella.
-Quema. Q-Quema. - ¿Puede escucharla? Emeriel no estaba segura, pero rogaba de todos modos. -Por favor, sé gentil conmigo, te lo ruego. ¡No te estoy impidiendo entrar, lo juro! - Dijo frenéticamente, -Es solo que, ¡nunca he hecho esto antes...!
Un gruñido enojado. Luego, un empuje particularmente fuerte que llevó su miembro más profundamente en su cuerpo inexperto, abriéndose camino hasta la mitad.
Un grito agónico y aguado se escapó de su garganta. Emeriel arañó las sábanas en un intento desesperado por evadir este dolor tan fuerte, pero no tuvo éxito.
Otro empuje fuerte. Y otro. Y otro.
Su visión se desvaneció de inmediato. La habitación estaba invadida con los sonidos de sus gritos. Todo su cuerpo temblaba. Para cuando su falo estaba completamente dentro de ella. Emeriel estaba al borde del desmayo.
Cada pulgada de sus partes íntimas se sentía como si un pico abrasador hubiera sido clavado profundamente en su interior. Un colosal, abrasador infierno de dolor.
Lágrimas brotaron de sus ojos, temblaba como hojas frágiles en el viento. Tan llena. En todas partes duele.
Totalmente adentro, la bestia ronroneaba con aparente satisfacción. Luego, se movía, mientras su falo se hundía en su cuerpo.
Emeriel gritaba con cada embestida, sintiendo un dolor insoportable. Demasiado. Simplemente es demasiado.
Con los ojos en blanco, se desmayó fríamente.
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