Danika llegó al dormitorio subterráneo justo cuando Baski salía con un tazón de agua, cerrando la puerta tras de sí.
Al verla acercarse, Baski notó el miedo en su rostro, sus ojos hinchados, la forma cautelosa en que caminaba y la marca roja en su brazo.
-Por favor… ¿cómo está Sally? -preguntó Danika, con el corazón en la garganta.
Se sorprendió al ver lágrimas llenar los ojos de Baski.
-Oh, Danika… -susurró, dejando caer el tazón al suelo antes de acercarse y abrazarla.
Danika quedó atónita ante el inesperado gesto.
-Lo hiciste dormir… Él durmió por tu culpa… ¡No sabes lo feliz que me has hecho! -Baski sollozó en un murmullo.
Danika permaneció inmóvil hasta que la mujer mayor se apartó, una sonrisa iluminando su rostro.
-Lo revisé dos veces y aún seguía dormido… -murmuró con asombro.
Danika frunció el ceño, confundida.
-Uhm… ¿significa que el rey no duerme bien? -preguntó-. Sé que está despierto la mayor parte del tiempo, pero pensé que era su elección.
Baski negó con la cabeza.
-Nunca lo fue. El rey no ha dormido bien en quince años.
- ¡Oh, no! -Los ojos de Danika se abrieron con asombro. Era demasiado tiempo para que alguien viviera sin descansar bien. La culpa la envolvió al comprender que su padre tenía que ver con ello. No necesitaba preguntar.
Baski asintió con tristeza.
-Pudo dormir anoche, y eso me hace muy feliz. He preparado muchas pociones… -tomó aire y la miró con firmeza-. No te preocupes, te daré algo para el dolor y los músculos adoloridos.
-Gracias, Baski -respondió Danika con gratitud.
Baski se secó los ojos y se recompuso.
-Apuesto a que tienes hambre. Uyah trajo tu comida y la de Sally temprano. Vamos, entremos. No queremos que más personas sepan que estamos aquí ni por qué.
Danika se detuvo en seco, obligándola a hacer lo mismo.
- ¿Cómo está Sally, señora Baski? -preguntó de nuevo, con un nudo de temor en la voz.
-Está resistiendo. Despertó hace unas horas y preguntó por su princesa… luego volvió a cerrar los ojos.
- ¿Qué? -El pecho de Danika se encogió de culpa-. Me buscó y yo no estaba a-aquí…
-No te castigues, ella volverá a despertar -dijo Baski con suavidad-. Pero hasta que lo haga, necesitas comer, bañarte y descansar.
Danika asintió, aunque su prioridad seguía siendo ver a Sally.
Siguió a Baski hasta la habitación y se detuvo en la puerta. Sally seguía en la cama, ahora de lado. Una toalla descansaba sobre su cabeza y sus ojos permanecían cerrados.
Danika contuvo el aliento mientras observaba su respiración agitada, asegurándose de que aún seguía viva. Solo entonces tomó la comida de la mesa y comió en silencio antes de dirigirse al baño.
Se bañó rápidamente y, al salir, encontró su ropa limpia y doblada sobre la cama. Uyah la había traído.
Baski, por su parte, terminó de preparar otra opción y la obligó con paciencia a deslizarse por la garganta de Sally.
La poción le recordó a Danika algo importante. Esperó a que Uyah saliera para cumplir con la tarea que Baski le había encomendado.
Luego, se acercó a la cama y tomó asiento junto a Sally. Sus dedos se entrelazaron con los de ella en un gesto suave, apretando ligeramente su mano.
Baski, concentrada en su labor, agitaba enérgicamente el mortero mientras mezclaba las hierbas. Sin apartar la vista de su tarea, murmuró:
-Estoy preparando las opciones. También agregué hierbas para aliviar esos músculos agotados. Terminaré en un momento.
Danika aclaró la garganta antes de hablar:
-Uhm... Señora Baski, ¿podría hacerme unas pociones para... prevenir un embarazo? Ya sabe, como las que me dio antes...
El mortero se detuvo en seco.
El rostro de Baski palideció y, por unos instantes, la ira y el resentimiento cruzaron su expresión antes de apartar la mirada.
El silencio que siguió fue tenso e incómodo.
Danika no entendía qué había dicho para provocar semejante reacción. No tenía idea de por qué Baski se alejó repentinamente de ella.
- ¿Lo odias tanto que ni siquiera soportas la idea de tener un hijo suyo? -preguntó Baski al fin, con voz baja y cargada de resentimiento.
Los ojos de Danika se abrieron con sorpresa. No esperaba una pregunta así.
Baski dejó a un lado las hierbas y se volvió por completo hacia ella, cruzando los brazos.
- ¿Lo odias tanto? -insistió-. ¿La idea de llevar a su hijo en tu vientre te repugna?

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