- ¡Oh, por favor…! -apretó los dientes, gotas de sudor perlaban su frente. Se retorció con más fuerza cuando él atrapó su pezón entre los dedos y lo retorció.
Un dolor agudo recorrió su pecho, disparándose hasta su clítoris. La presión en su vientre oscilaba entre el tormento y el placer, intensificándose a niveles insoportables.
Con el cuello tenso, los ojos cerrados y la humedad deslizándose entre sus muslos, Danika sollozó al alcanzar el clímax con aquel monstruo.
Su orgasmo fue intenso y prolongado, pero él le apretó la garganta justo cuando alcanzaba su punto máximo. Podía respirar, aunque apenas, y el placer quedó atrapado en su garganta sin poder convertirse en un grito.
Privada de voz y visión, la sensación la desbordó. Se retorcía bajo su peso, sus manos forcejeaban contra las suyas, pero él no cedió. Estrellas danzaron en su campo de visión, y la oscuridad comenzó a nublar su mente.
Entonces, él se dejó caer sobre su cuerpo, aplastándola contra su pecho velludo. Su respiración errática le acarició la oreja, y le gruñó unas palabras al oído.
-Sí.
No sabía a qué estaba asintiendo, pero la palabra escapó de sus labios sin que pudiera evitarlo. Sus piernas temblorosas se deslizaron de su cintura, cayendo a los lados como si fueran puro líquido. Toda la fuerza había abandonado su cuerpo.
Danika flotaba en el umbral entre la conciencia y la inconsciencia.
Era vagamente consciente de cómo él se hundía en su interior una última vez antes de liberarse.
Un gruñido ronco escapó de su garganta mientras sus caderas se movían con desesperación, penetrándola aún más profundo. Sus gemidos resonaban con una intensidad primitiva, tan profunda y masculina que su cuerpo entero se estremeció en respuesta.
Y aunque parecía imposible, juró que su miembro se endurecía aún más dentro de ella antes de sentir los violentos espasmos de su clímax derramándose en su interior.
Después de varios minutos entregado a su placer, su cuerpo cayó pesadamente sobre el de ella, su peso presionándola contra la cama.
Por un instante, deseó tener fuerzas en los brazos y las piernas. Lo habría abrazado, aferrándose a él sin soltarlo.
Pero, segundos después, él se apartó y se recostó boca arriba, su respiración aún agitada.
Siempre la dejaba exhausta, y había algo gratificante en saber que ella también lo agotaba a él.
Como aquella noche de hace una semana, deslizó un brazo alrededor de su cuerpo. Sintió cómo se tensaba, pero no la apartó. Suspiró con satisfacción, luchando por mantener los ojos abiertos.
El aire frío le golpeó el rostro cuando él le quitó la venda. Parpadeó lentamente, tratando de prolongar ese momento entre sus brazos. No estaba lo suficientemente cerca… necesitaba más.
Gimió suavemente, acurrucándose contra él.
-Eres bastante exigente esta noche -gruñó con desgano, mostrando su agotamiento.
Aun así, sus brazos se movieron por voluntad propia y la atrajeron hacia él.
-Solo por esta noche -murmuró.

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