Baski siguió el paso del Rey mientras salían juntos de la Sala de Consultas. Él no le había dicho nada, y ella esperaba pacientemente, sabiendo que él tenía algo que decir.
-Muchas gracias, Baski.- Gruñó finalmente.
Ella levantó la cabeza para mirarlo, -¿Por qué?
-Por todo. Por no renunciar a Danika. En realidad, eras la única que creía en ella... creías que nunca había estado con otro hombre y que había puesto al hijo de ese hombre en mí.
Gracias por siempre defender lo que crees, incluso cuando nadie tenía la misma creencia que tú. Siempre has visto lo mejor en las personas.
Sus palabras le derritieron el corazón, Baski sonrió hacia él. -Muchas gracias, Su Alteza.
-¿Por qué pasaste por tanto dolor para salvarme hace tantos años, Baski?- Hizo la pregunta que lo había perturbado de vez en cuando.
La repentina e inesperada pregunta la dejó desconcertada.
Pasaron junto a un guardia que inclinó la cabeza al Rey, quien respondió al saludo asintiendo ligeramente con la cabeza. Ella observó al guardia seguir caminando por su camino.
-Te crié a ti y a Melia desde que eran niños. Los vi crecer... siempre estuvieron en mi corazón. Ustedes fueron los hijos que nunca tuve.- Comenzó Baski.
-Luego mi querido esposo, Tedda, murió cuando estaba embarazada de Remeta después de diez años de esterilidad. Las palabras no pueden describir lo destrozada que me sentí.- El dolor recordado goteaba de sus palabras, sus ojos se empañaron por el pasado doloroso.
El Rey Lucien recordaba ese período. Tenía diecinueve años en ese momento. Recordaba cómo Baski lloraba en cada momento, en cada día.
-Su muerte fue inesperada y muy dolorosa.- Concedió.
-Un accidente de carruaje.- Baski asintió con una triste sonrisa, -Tú y Melia estuvieron ahí para mí. Innumerables veces los dos me consolaban cuando me derrumbaba haciendo cualquier cosa por ustedes dos. Estaba devastada cuando murió Melia, y luego nos llevaron a la esclavitud.
-Cuando supe que Cone planeaba matarte de hambre también, no pude soportarlo. '¡No mi Lucien! ¡Nunca mi hijo!' Eso era todo lo que pasaba por mi cabeza mientras sostenía a mi hija y la mecía en mis brazos.
Se detuvo, se volvió y la miró al mencionar 'mi hijo'. Sus mejillas arrugadas se pusieron rojas.
-No es que yo c-crea que eres mi hijo o algo así. Eres el R-Rey, por supuesto,- la mujer mayor tartamudeó en explicación, -pero así de protectora me sentía. Mientras amamantaba a Remeta, se me ocurrió la idea.
-La loca idea que me mantuvo viva.- El Rey comenzó a caminar de nuevo, su voz el tono más suave.
-Bueno, necesitaba hacer algo, y meter comida de contrabando era muy imposible.
Silencio. -Te torturaste a ti misma para que yo siguiera vivo. Todavía recuerdo ese momento claramente.
Una sonrisa se extendió por sus mejillas arrugadas mientras el recuerdo la inundaba. -Una vez que cae el sol, dejo de alimentar a Remeta y siempre pido leche a los guardias. Empiezo a ahorrar para ti. Mi pecho se llena. Siempre es muy incómodo... muy pesado y doloroso.
-Sin embargo, rasgaré pedazos de mi ropa dos veces y ataré mis pezones con ellos para que dejen de gotear.- suspiró al recordarlo, -Fue extremadamente doloroso.
-No me iré a ningún lado, hijo mío.
-Aún dejo a Danika bajo tu cuidado. Nadie puede protegerlos más que tú. Nadie puede cuidarlos más que tú. Cuídate de mi hijo por nacer de la misma manera que cuidaste de mí, Baski...- Pidió entonces en una voz apenas audible, ella no lo habría escuchado si no estuviera tan cerca de él.
-Lo haré. Sabes que siempre lo haré.- Juró.
Él no dijo nada más. Pero la sostuvo por mucho tiempo.
Esta mujer que es la madre que perdió, pero que aún tiene.
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A Vetta no le gustaba para nada la expresión en el rostro de Monah. La sanadora había terminado de examinarla, caminó hacia la habitación interior y salió llevando un vaso de agua.
Se lo dio a Vetta, quien la miró con tanta sospecha. -Dime qué está pasando, Monah. No me gusta para nada la expresión en tu rostro.
-Bebe el agua primero, aliviará el dolor por ahora. Prepararé las hierbas que necesitas muy pronto.- Instruyó la mujer mayor.
Vetta abrió la boca para protestar, pero sintió el familiar pinchazo agudo en su vientre. Tomó el agua de Monah y se la bebió de un trago.
-Hecho. Dime, ¿qué pasa? ¿Estoy embarazada?- Preguntó con un entusiasmo apenas disimulado.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Ese príncipe es una chica: la esclava cautiva del rey vicioso
Te soy sincera, empecé a interesarme en esta historia por un anuncio en forma de video. Pensé que el guión era hecho por ia,que solo iba a ser porno y ya. Sin embargo, me gusta mucho la lectura y como los personajes están tomando más y más complejidad. Te aplaudo, la verdad que no me esperaba para nada ese plow twist final 👏🏻...