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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 220

La multitud, que antes estaba llena de cuchicheos y charlas, guardó silencio al instante.

Todos quedaron impactados por su belleza y elegancia.

A su lado caminaban dos mujeres igualmente seductoras y cautivadoras.

Una vestía un vestido largo color azul agua, y la otra llevaba uno rojo vino sumamente llamativo.

Eran Tamara Saldaña y Fernanda Orozco.

Hacía unos segundos, Valeria acababa de decir que su hermana no era sociable y prefería andar sola.

Y ahora todos veían a esas dos bellezas riendo y platicando con Alba, claramente como amigas muy unidas.

No como el grupo que rodeaba a Valeria, que eran puras aduladoras convenencieras, con sus sonrisas falsas practicadas a la perfección.

En un segundo, las palabras que Valeria acababa de pronunciar se convirtieron en una bofetada directa a su propio rostro.

El rostro de Valeria palideció y se tensó.

No esperaba que Alba se presentara ante todos con tanta imponencia.

Fingiendo calma y forzando una sonrisa de superioridad, se acercó y dijo:

—Hermana, por fin llegaste. Ya creí que no ibas a venir.

Alba la miró fríamente y dibujó una sonrisa cargada de burla:

—¿Acaso no estaba ya en este crucero? ¿Tan rápido te falla la memoria?

Eso dejó a Valeria aún más en ridículo.

Las mujeres que antes hablaban mal de Alba cerraron la boca de inmediato.

No esperaban que Alba fuera tan deslumbrante, completamente diferente de lo que se habían imaginado.

Últimamente, Alba había estado en boca de todos, siendo tendencia y obteniendo grandes resultados tanto en programas de televisión como en el concurso de modelaje.

El aumento vertiginoso de su fama y de sus seguidores, obviamente, generaba envidia.

Una de las actrices, sin poder ocultar su molestia, murmuró:

—Tsk, solo lleva un vestido bonito, tal vez hasta sea alquilado.

¡¿Cómo se atrevía?!

Valeria recordaba que antes, esta mujer siempre la saludaba con sumisión, tragándose su enojo, asustada de que ella fuera a quejarse con su hermano Isaac.

¿Ahora resulta que había renacido y se atrevía a insultarla en público?

¿Acaso no le daba miedo que volviera a hablar mal de ella con su hermano?

—¿Yo qué? ¿Acaso dije alguna mentira o te estoy levantando falsos?

—Intentamos impulsarte por años y no lograste nada. No sirves para cantar, no sabes bailar, no sabes actuar. Eres la viva imagen de la inutilidad, ¿y dices que te estoy levantando falsos?

Fernanda volvió a dejarla sin palabras, con los ojos tan abiertos que parecía a punto de sufrir de hipertiroidismo.

A un lado, Alba y Tamara se tapaban la boca riéndose sin ningún disimulo.

En realidad, Alba había traído a Fernanda a propósito para que pudiera soltar toda la rabia acumulada de tantos años.

Verla ahora tan implacable y decidida la hacía sentir verdaderamente orgullosa.

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