Poco tiempo después, la noticia volvió a ser tendencia.
Todo el veneno lanzado contra Alba había sido neutralizado por sus propias palabras y las de Fernanda.
¡Al ver la noticia y escuchar lo que habían dicho, el público casi quería aplaudirles de pie!
—¡Por algo es mi ídola! No solo ella tiene la mente clara, ¡sino que su mejor amiga es igual de brillante!
—Tienen toda la razón. ¿Por qué está bien visto que los hombres busquen mujeres y no al revés? ¡Ese doble estándar es ridículo!
—¡Si yo tuviera dinero y no lastimara a nadie, también contrataría a diez modelos! ¡Hmpf!
La opinión pública dio un giro radical, tomando a Valeria completamente por sorpresa.
Pero eso no fue lo peor. En menos de una hora, salió a la luz otro escándalo.
Liam Góngora ordenó revelar que había sido Valeria quien había grabado a Alba a escondidas y pagado para difundir el video en internet.
—Jefe, ya me encargué de publicar toda la evidencia de que Valeria contrató trolls para arruinar a la señorita Moreno.
—Mm, buen trabajo —respondió Liam, muy satisfecho.
Mujeres patéticas como esa solo servían para ser usadas como carne de cañón; no se le ocurría ningún otro uso para ellas.
Ver su cara le quitaba hasta el apetito.
Y así, la sección de comentarios volvió a explotar.
—¡La verdad salió a la luz! ¡Sabía que había algo detrás de todo esto!
—¡Ahí la tienen! Otra vez esta mosquita muerta causando problemas. Está metida en todas partes.
—Es pura envidia. Albita es la verdadera heredera de la familia Moreno y tiene miedo de que la desplacen.
—Los Moreno deben estar ciegos para no darse cuenta y preferir a la adoptada antes que a su propia hija.
—¡Que saquen a Valeria del medio del espectáculo! ¡Me harta verle la cara!
Valeria lloraba desconsoladamente. Su habilidad para hacerse la víctima a la menor provocación había alcanzado la perfección.
Sabía muy bien que, llegados a este punto, no podía confesar ni bajo tortura.
Era consciente de que en internet su reputación estaba destruida y no dejaban de destrozarla.
¡Quien siembra vientos, cosecha tempestades!
Pero Valeria ni entendía ese refrán, ni quería entenderlo.
Parecía que ya se había acostumbrado a ser odiada; se había vuelto inmune.
La mala publicidad también es publicidad, después de todo. Además, su madre biológica tampoco quería que siguiera en la industria del entretenimiento.
Pero bajo ninguna circunstancia podía permitir que Sara o sus hermanos descubrieran que ella había sido la responsable.
Esa familia tenía que seguir consintiéndola y girando a su alrededor por el resto de su vida. Jamás debían descubrir su verdadera cara.

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