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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 548

Evidentemente, no quería que su maestro se llevara una mala impresión de ella.

—Señorita Moreno, tengo entendido que usted no tuvo una formación académica formal, ni logró que un buen mentor la aceptara como discípula.

—Es comprensible que prefiera no responder. Dejemos el tema hasta aquí. ¿Qué les parece si vamos a tomar algo o a probar los bocadillos?

Silvia rara vez se exponía a decir cosas de ese estilo en público.

Pero en ese instante, era una emergencia.

Solo menospreciando a Alba Moreno lograría devolverle un poco de dignidad a su maestro.

Además, quería dispersar al grupo, que cada quien buscara algo de comer o armara sus propios círculos de conversación.

Cualquier cosa era mejor que estar todos amontonados ahí; así su maestro tendría una salida elegante.

Y tal como lo calculó, al escucharla, el rostro de Fabián se relajó un poco.

Se felicitó a sí mismo por haberla elegido; Silvia sí que era un diamante, además de tener un tacto impecable para manejar la situación.

Con eso, la presión dejó de recaer sobre él.

Pero lo más importante: las palabras de Silvia habían dejado a Alba Moreno como una novata sin formación ni mentor, despojándola de cualquier aire de superioridad.

Todos guardaron silencio, y justo cuando estaban a punto de dispersarse, una voz retumbó en el lugar.

—¿Quién fue el atrevido que dijo que Alba Moreno no tiene un buen mentor? ¿Acaso estoy pintado o qué?

La voz era potente y venía cargada de un enfado evidente.

Todos giraron la cabeza al unísono y vieron a un hombre de unos setenta años, vestido con un traje tradicional impecable, caminando con pasos firmes hacia ellos.

—¿Quién se atreve a decir que Albita no tiene formación profesional en farmacología? ¿Quién dice que no tiene maestro?

Al ver al hombre, los ojos fríos de Alba se suavizaron al instante, y murmuró:

—Don Yago.

—Tranquila, Albita. Me retrasé un poco y ya veo que te están molestando.

—Para nada, nadie me está molestando. (Alba no consideraba que eso fuera un ataque).

Los Académicos no eran como los graduados de universidad o los profesores comunes que te encuentras en cada esquina.

Y lo que dejó a todos sudando frío fue ver que esa misma Alba Moreno, a la que acusaban de no tener educación, parecía ser íntima del Académico Soler.

¿Acaso eran...?

—Académico Soler, disculpe la interrupción, pero ¿la señorita Moreno es su discípula?

¡La curiosidad mató al gato!

Alguien en la multitud no aguantó más y lanzó la pregunta del millón.

—Ah, no exactamente —respondió Don Yago con total honestidad.

Al escucharlo defenderla hace un momento, todos habían dado por sentado que era su maestro.

Y ya se estaban mordiendo la lengua pensando en la suerte endemoniada de esa chica de la familia Moreno.

Pero resultó que se habían precipitado.

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