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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 553

—¿Y de quién más? ¿Tuya? —preguntó Liam con una postura altiva, mirándolo por encima del hombro.

No solo era porque tuviera un ego descomunal, sino porque físicamente era más alto; le sacaba media cabeza de ventaja a Emilio.

—Ejem, está bien, me equivoqué. Desaparezco ahora mismo.

Dicho esto, Emilio salió huyendo como alma que lleva el diablo.

Solo alguien con el cerebro frito se atrevería a enfrentarse a ese hombre tan peligroso.

Al ver a ese idiota salir corriendo, Alba se deshizo del abrazo del hombre y dijo con una sonrisa divertida:

—Mira nada más cómo lo asustaste.

—¿Asustarlo? Solo lo puse en su lugar para que supiera con quién se estaba metiendo —respondió Liam, convencido de que había tenido bastante paciencia al no haberlo sacado a patadas.

Hacía un rato, al ver que Alba y don Yago conversaban, decidió darles algo de espacio y se alejó.

Pero apenas se entretuvo un par de minutos hablando con alguien más, y al regresar...

Ya no estaba don Yago con Alba, sino ese inútil heredero de pacotilla.

¿Acaso creía que podía bailar con ella así nada más?

¡Si ni siquiera él mismo había tenido el placer de bailar con ella todavía!

—La música ya empezó, ¿bailamos?

Aprovechando la oportunidad de oro, Liam decidió cumplir su propio deseo de bailar con ella.

—Vaya, sí que sabes aprovechar las oportunidades a la primera de cambio —dijo Alba, leyendo sus intenciones al vuelo.

—Considerando que hoy te he defendido y he ahuyentado a todos los que te molestaban... ¿me harás el honor?

El Liam Góngora de ahora ya no era ese ser distante e inalcanzable que ella había conocido al principio.

Había aprendido la dura lección de que, a la hora de conquistar a alguien, era vital perder un poquito la vergüenza.

—Mmm... está bien.

A medida que el compás de la música se aceleraba, sus pasos se volvieron más ágiles y etéreos. Cada giro y cada salto estaban cargados de pasión y compenetración.

El ambiente en la pista se contagió de su energía, y la gente empezó a aplaudir y a vitorear la magnífica presentación.

No muy lejos de allí, Silvia Jiménez observaba la escena de pie.

Originalmente, había estado pensando en si debía acercarse a Liam e invitarlo a bailar.

Al fin y al cabo, un baile entre amigos era de lo más normal y aceptable.

Pero luego dudó, sintiendo que sería rebajarse demasiado si era ella quien daba el primer paso.

Y si él la rechazaba, sería una humillación total.

No era estúpida; sabía que el interés de ese hombre no estaba en ella en estos momentos.

Había decidido dejarlo pasar por hoy y buscar la forma de reconquistarlo más adelante.

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