Silvia pensaba exactamente lo mismo. Tras un rápido y decidido "claro", se acercó de inmediato.
Tomó el frasco con el sobrante del remedio, lo observó a contraluz y lo olió repetidas veces. Estuvo un buen rato analizando, sin lograr articular ni una sola palabra con sentido.
—¿Y bien? ¿Hay algún problema con este remedio? —insistió Federico.
Ya que su madre había empezado a vomitar sangre justo después de tomarlo, era totalmente natural que cuestionara su composición.
Ante la pregunta, Silvia, que ya sentía la presión, se puso aún más nerviosa.
¡No lograba distinguir qué hierbas lo componían!
El líquido tenía una ligera fragancia herbal, mezclada con un olor peculiar, algo indescriptible.
Además, el color era de un negro profundo, con destellos púrpuras bajo la luz.
Daba un aspecto bastante intimidante.
Era obvio que había sido elaborado con técnicas y componentes nada comunes.
—Señorita Jiménez, su tío le hizo una pregunta. ¿Por qué no le dice con total sinceridad cuáles son los ingredientes? —preguntó Alba sin molestarse en lo más mínimo, sin hacer el menor intento por impedir que estudiaran su mezcla especial.
Por el contrario, le daba bastante curiosidad saber si esta "Señorita Jiménez" lograría adivinar algo.
—Yo... —los bellos labios de Silvia se abrieron ligeramente, pero ninguna respuesta salió de ellos.
Pensando que su hermana estaba dudando por cortesía, Bárbara exclamó:
—¡Silvia, no le tengas miedo! ¡Si notas algo raro, dínoslo de frente!
Para su desgracia, Silvia seguía sin poder decir absolutamente nada.
—Vaya, tu hermana tiene razón. Escúchala, habla sin miedo.
Alba la miró con una media sonrisa y luego añadió:
—¿No será que la señorita Jiménez no sabe qué decir?
Cualquiera con las credenciales para entrar al Instituto de Investigación Médica 01 debía ser capaz de identificar los componentes de una pastilla o un tónico con solo olerlos.

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