Por eso, nunca la había subestimado.
Silvia calculaba en su mente su próximo movimiento, pensando cómo revertir la situación actual.
¡Si las cosas siguen así, esa persona seguramente me castigará!
Pensó que tal vez podría encontrar un punto débil a través de Simón.
Aunque el niño estaba deslumbrado por Alba, las emociones de los más pequeños siempre eran volátiles.
Seguía confiando en que lograría hacerlo cambiar de actitud.
¡Y si no cambiaba, jamás permitiría que mejorara!
Él estaba destinado a ser un autista de por vida, no podía dejar que se recuperara.
Una vez que Bárbara se calló, el ambiente mejoró de inmediato.
La señora Inés conversaba con Alba de forma muy animada, y Graciela intervenía de vez en cuando, creando un clima bastante agradable.
Después de comer, Alba fue a la habitación de la señora Inés para hacerle una revisión detallada de su estado de salud.
—Su recuperación va por buen camino. Siga tomando los remedios caseros que le preparé y, en un par de meses, estará casi completamente bien.
Alba estaba bastante satisfecha con el progreso de la anciana.
No cabía duda del poder de la familia Jiménez, gracias a sus recursos tenían a los mejores doctores y medicina a su disposición.
Sumado a una excelente nutrición, la señora Inés se estaba recuperando más rápido de lo esperado.
Claro, a su edad, no se podía comparar con la vitalidad de alguien joven, pero su estado actual era mucho mejor que antes.
—Je, je, todo es gracias a ti, Albita. Las medicinas que preparas me hacen sentir de maravilla, tengo más energía que antes y me siento súper bien.
—Ay, pensar que tanto tú como Silvia estudiaron medicina, ¿cómo es posible que haya tanta diferencia?
La señora Inés no lo decía por atacar a su propia nieta ni por algñn prejuicio.
Solo era una observación objetiva; la diferencia era abismal.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada