Si Alba revisaba al niño, seguramente les daría más tranquilidad.
—Sí, claro que lo haré. Si encuentro algo, se los diré, no se preocupen —Alba, por supuesto, no se iba a negar.
Solo que no dijo mucho más, pues por el momento no parecía haber problemas evidentes.
Ambas mujeres respiraron un poco más aliviadas.
—Qué alivio. Albita, ve a jugar con Simón, no te preocupes por estas viejas aburridas.
—Sí, se nota que Simón lleva rato esperándote, jaja.
Ambas fueron muy consideradas, sabiendo que a los jóvenes les termina aburriendo estar con los mayores por mucho tiempo.
Así que los animaron a que fueran a divertirse.
Simón, que había estado esperando escuchar esas palabras, agarró de inmediato la mano de Alba y se la llevó muy feliz.
Se veía tan alegre y enérgico como cualquier niño normal.
Esto llenó de consuelo a las dos mujeres de la familia Jiménez, y les hizo arrepentirse de no haber conocido a Alba mucho antes.
Simón la llevó por los pasillos, guiándola con naturalidad hacia su enorme habitación.
Quería mostrarle sus dibujos, su caligrafía y los juguetes de colección que él mismo había armado.
Pero justo antes de llegar a la puerta, Liam, que había estado esperando afuera, lo agarró del brazo.
—Mocoso, qué natural te sale agarrar a mi mujer.
—¡Quién es tu mujer! —Alba lo negó al instante y le lanzó una mirada asesina—. °Cuántos años tienes para pelearte con un niño?
—Apenas tengo tres añitos, soy muy chiquito —El hombre comenzó a comportarse como un sinvergüenza de nuevo.
Antes, cuando Alba entró a hacerle el chequeo a la señora Inés, él no pudo acompañarla.

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