Muy pronto, la noticia bomba de primera plana estaba recién salida del horno.
No cabía duda de que los reporteros de farándula experimentados eran una mezcla perfecta de talento y acción.
Aún no habían llegado a casa cuando las redes sociales ya estaban inundadas de titulares sobre su paso por el mercado.
#Se acercan campanas de boda para el señor Góngora y la heredera Moreno. Una familia de guapos capta miradas#
#La madre del magnate Góngora trata a Alba Moreno como a su propia hija. Excelente relación entre suegra y nuera#
#El magnate Góngora no escatima en gastos y vacía el mercado para la señorita Moreno#
Al publicarse este tipo de titulares en internet, una horda de curiosos y seguidores apareció como hongos después de la lluvia.
[¡Por fin vemos a nuestra Albita! Últimamente no ha salido en ninguna producción, pero verla tan bien con el señor Góngora me hace desearles lo mejor.]
[¡Yo sabía que hacían la pareja perfecta! ¡Son la relación ideal, ayyy!]
[Es la primera vez que veo a una suegra de la alta sociedad tan accesible y sin aires de grandeza. Le da mil vueltas a esas suegras presumidas.]
[¡Totalmente! Mi suegra se cree una dictadora, no pone un centavo, no ayuda en nada, pero de todo se queja.]
[Una suegra tan maravillosa como esa es imposible de encontrar entre la gente común.]
El tema de conversación se desvió por completo, cambiando el tono de la noticia para convertirse en un foro de quejas contra las suegras.
Liam y Alba, por supuesto, no sabían nada de esto; apenas estaban regresando a casa.
¿Quién iba a pensar que salir a comprar comida y excederse un poquito generaría semejante revuelo?
Al regresar a la mansión de los Góngora, lo primero que vieron al entrar fue a alguien a quien no deseaban ver.
Doña Matilde Góngora.
Esta vez, la anciana había sido más astuta. Al enterarse de que aquella mujer había vuelto a la mansión, se presentó allí desde muy temprano.
Y aún no había almorzado.
Para colmo, no venía sola.

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