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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 717

En el pasado, en efecto, habían sido el primer amor del otro, pero de ese primer amor no había nada hermoso que destacar.

Poco después de estar juntos, se dio cuenta de que Clara era una mujer de dos caras.

Solo que ni él mismo se habría imaginado que terminarían en este tipo de enredos años más tarde.

Sara Moreno permaneció recostada en la cama, con los ojos apagados, mostrando una expresión desolada y lamentable.

—Además, Pablo ya está fuera de peligro. Fue Alba quien lo salvó, y está en recuperación. Tú y él van a estar bien, no tienes por qué angustiarte.

Al escuchar estas palabras, un ligero destello apareció en los ojos sin vida de Sara.

Sus ojos se humedecieron; no se sabía si era por llorar de alivio o por estar excesivamente preocupada.

—Sé que todavía te sientes culpable, que te arrepientes de haberte dejado engañar por Valeria y de haber fallado como madre con Alba.

—Al igual que tú, yo también me siento avergonzado, y sé que no tenemos derecho a pedirle que nos perdone y que vuelva a llamarnos «papá y mamá».

Al decir esto, a Eduardo Moreno se le enrojecieron los ojos, abrumado por los sentimientos que le invadían.

Habló con la voz ronca, teniendo que reprimir sus emociones.

—Menos mal que nuestra hija ahora tiene éxito, que brilla por sí misma y ha encontrado a un buen hombre.

—Somos nosotros los que no dejamos de causarle problemas, pidiéndole siempre que nos saque de apuros.

—Sara, sé que te sientes muy culpable por haber estado siempre en casa llevando una vida tranquila sin haber protegido a nuestra familia.

—Pero yo creo que así estabas bien. Cada persona tiene su propia forma de vivir. No debes hacerles caso a quienes solo hablan por hablar porque no soportan verte bien.

—Lo único que tienes que hacer ahora es cuidar tu salud para que el día de mañana, aunque yo no esté a tu lado, sepas cuidarte tú misma.

—Nuestros hijos van a necesitar tu consejo, y nuestra hija, antes de casarse con él, va a necesitar a su madre para que le hable de corazón.

—Así que ten ánimo. La familia Moreno te necesita al mando. Si yo no llego a estar, todo dependerá de ti.

Eduardo Moreno no sabía si se lo decía a su esposa, a sí mismo, o si solo estaba charlando al aire.

Habló durante largo rato y, al final, antes de levantarse para irse, le dejó un beso en la frente.

—Me voy, Sara.

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