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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 720

Aunque no era una buena persona, y la compasión no estaba en su vocabulario, ver al hombre que había fingido ser su pareja durante tantos años tirado en un charco de sangre era duro.

Por mucha actuación que hubiera sido, inevitablemente se había formado una pequeña chispa de afecto entre ellos.

Que se desplomara frente a sus propios ojos de forma tan repentina le resultaba algo insoportable.

Aquel hombre caminó sin la menor prisa hasta el cuerpo de Eduardo, levantó el celular y lo miró.

El mensaje, aunque estaba redactado, jamás alcanzó a ser enviado; el remitente ya estaba tirado en medio de su propia sangre.

—Ja, ¿querías jugártela e intentar mandar el mensaje? Estabas destinado a fracasar.

El hombre se rio con desdén y luego le dirigió una mirada a Federico Jiménez.

Federico comprendió de inmediato. Se acercó con sumo cuidado, recogió la caja que aún estaba fuertemente apretada por la mano manchada de sangre y se la entregó a aquel hombre.

Él la arrebató al instante, pero al abrirla, su rostro se oscureció por completo.

—¡Maldita sea! ¡Nos engañó, aquí adentro no hay absolutamente nada!

Acto seguido, estrelló la caja vacía contra el suelo con furia.

—¿Y-y ahora qué hacemos? —preguntó Federico con respeto.

—Bah, Eduardo Moreno ya está muerto, ya nadie podrá relacionarnos con esto. Haré que vengan a limpiar este lugar para que no quede ni un solo rastro.

—Los muertos no hablan. Si nadie llega a encontrar esa cosa nunca, será mejor a que termine en manos equivocadas.

De esta forma, era como si esa cosa se hubiera hundido en el fondo del mar, sin que nadie jamás la encontrara.

Y eso también estaba bien, les ahorraría la molestia de seguir buscándola desesperadamente.

Si bien es cierto que, de tenerla, habría podido usarla para seguir investigando, si simplemente desaparecía de la faz de la tierra para todos, tampoco era un mal desenlace.

—¿Y si se la entregó a alguien más a escondidas? —insistió Federico, todavía intranquilo.

—¿A quién podría habérsela entregado? Esa cosa no es algo que cualquier hijo de vecino pueda entender, después de todo, fue obra de Gerardo Góngora y de tu difunto hermano.

Al hombre no pareció preocuparle en lo más mínimo.

—Alba, la hija de Eduardo, es increíblemente brillante, y además es discípula del maestro Juárez. ¿Qué pasa si se la dio a ella?

Capítulo 720 1

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