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Esposa por contrato: La venganza de la heredera despreciada romance Capítulo 738

—Las únicas personas a las que Alba Moreno tolera un poco son la vieja Beatriz y Lana Moreno.

A Clara Serrano también le resultaba incomprensible la situación; esa mocosa insolente había vuelto a cambiar las reglas del juego.

Lanzó su teoría al aire: —Lo más seguro es que haya vuelto para asegurarse una mejor tajada de la herencia, o quién sabe, a lo mejor quiere tumbar a Mateo Moreno y quedarse con la silla de la presidencia.

—Bajo ningún concepto podemos permitir que tome las riendas del Grupo Moreno. Existe la posibilidad de que esa cosa siga escondida en la empresa.

El rostro de Federico Jiménez se ensombreció; seguía masticando la humillación que esa niñata le había hecho pasar en público al echarlo sin contemplaciones.

—Esté o no esté esa cosa en el Grupo Moreno, Alba no puede tomar el mando. Si el Grupo Moreno y el Grupo Góngora unen fuerzas, la familia Jiménez estará en graves problemas.

—No te angusties, me encargaré de que su camino sea un infierno.

Dicho esto, Clara clavó sus ojos en él, desbordando una devoción casi enfermiza, pegajosa.

—Federico, ¿qué pasó con el trámite? ¿No dijiste que lograrías pasar todo el dinero, las propiedades y las acciones de Eduardo Moreno a mi nombre?

Ella no tenía dudas de que aquel hombre era perfectamente capaz de conseguirlo.

¡Si lo lograba, podría cruzar la puerta principal de la casa de la familia Moreno y entrar al Grupo Moreno como la dueña absoluta de todo!

Al final de cuentas, había invertido años al lado de Eduardo. ¿Qué más daba si todo había sido una farsa?

Ella le había entregado sus mejores años y toda su juventud.

Por lo tanto, heredar su imperio era lo mínimo que se merecía.

Es cierto que presenciar la muerte de Eduardo justo frente a sus narices le había dado un buen susto e incluso le causó un ligero remordimiento momentáneo.

Pero, bueno, la vida tenía que seguir.

—Puedes estar tranquila, todo está fríamente calculado. Sé que no puedo darte el título oficial, pero te aseguro que el futuro de Vale y el tuyo están garantizados.

—Nadie me cuida como tú, Federico —ronroneó Clara, enredando los brazos en su cuello, pletórica de felicidad.

A diferencia del falso afecto que le prodigaba a Eduardo, esta vez su necesidad de aferrarse a él era genuina.

Capítulo 738 1

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