La voz les resultó familiar.
Al girarse para mirar, se toparon nada menos que con Federico Jiménez.
Él tampoco esperaba encontrarse a Alba y a Liam en ese lugar; su expresión cambió drásticamente por una fracción de segundo.
Pero el gesto fue efímero.
Federico acababa de salir de un salón privado acompañado por otro hombre. Era evidente que acababan de terminar una reunión a puerta cerrada.
—Qué coincidencia, Liam, señorita Moreno. ¿También vinieron a comer aquí? —preguntó Federico, tomando la iniciativa.
—Así es, un viaje de la empresa. ¿Usted vino a comer con un amigo, señor Jiménez?
Por la estrecha relación entre la familia Góngora y la familia Jiménez, Liam debería llamarlo "tío Federico".
Pero la verdad era que no quería tener el más mínimo vínculo de confianza con ese sujeto.
—Sí, exacto —respondió Federico.
Aunque Alba se mantenía en silencio, no dejaba de observar todo con atención.
Sentía que el asunto que había estado discutiendo allí no era nada sencillo.
La repentina sorpresa en su rostro al descubrirlos, sumada a la tensión que intentaba ocultar al mencionar que estaba comiendo con un "amigo", delataban que algo no encajaba.
Alba fijó la mirada en el hombre que acompañaba a Federico.
Rondaba los treinta años y tenía un aspecto completamente ordinario.
De esos que se pierden en la multitud sin dejar rastro.
No obstante, le resultaba extrañamente familiar.
Se parecía a alguien del Instituto 01.
Conocía a la perfección al equipo central de la farmacéutica, pero ese grupo estaba formado por muy pocas personas.

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