—Chicos, de verdad los extraño muchísimo. Desearía que pudiéramos volver a los tiempos en los que vivíamos felices en la familia Moreno.
Esas palabras sí salieron del fondo de su corazón. No estaba actuando.
Realmente extrañaba la vida de lujos que tenía con los Moreno.
Cuando vivía con ellos, toda la familia giraba a su alrededor, la llenaban de atenciones, mimos y la trataban como a una princesa.
En ese entonces, la maldita de Alba aún no había regresado, y toda la luz y la buena fortuna eran solo para ella.
Con el respaldo de la familia Moreno, todos afuera la adulaban y la envidiaban.
En la industria del entretenimiento le iba de maravilla, sin el menor obstáculo en su camino.
¡Todo empezó a desmoronarse desde el momento en que Alba puso un pie de regreso!
A veces hasta sospechaba que esa intrusa practicaba brujería, o que había hecho algún pacto oscuro en la montaña para robarle su buena suerte.
—De acuerdo. Entonces devuélveme todo el dinero y los regalos que te di. Si haces eso, creeré que estás siendo sincera.
Isaac se paró con los brazos en jarras y la miró con una sonrisa burlona.
—Es... esto... —Valeria se quedó paralizada—. Isaac, hablar de dinero arruina los sentimientos. ¿Por qué tienes que humillarme así?
Al decir eso, sacó a relucir sus dotes de actriz y se preparó para soltar unas lágrimas.
—¿No hablar de dinero? ¿Y de qué vamos a hablar entonces? ¿De que te entregues a mí como pago? Qué asco, no me interesas en absoluto.
Incluso si no compartían lazos de sangre, y aunque ella le pagara por estar con él, le daría náuseas.
—¡Y-yo no quise decir eso! —Valeria, sintiéndose acorralada, respondió con el rostro rojo de vergüenza—: Y-yo... ya me gasté el dinero, así que no te lo puedo devolver ahora mismo.
—Dame algo de tiempo, te juro que te pagaré cada centavo. ¿Acaso crees que te mentiría?
Sus palabras sonaban exactamente igual a las de un estafador tratando de ganar tiempo.
Puras promesas vacías.

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