Su padre ya lo había dicho: esta mujer no llevaba la sangre de los Moreno, así que no tenía por qué llevar su apellido.
La única razón por la que se apellidaba "Moreno" era porque se había aprovechado de la caridad de la familia cuando la adoptaron.
Ahora que era su enemiga declarada, ¡debería devolverles el apellido!
—Por favor, qué chiste. ¿Acaso son los únicos en el mundo que se apellidan Moreno? ¡No tienes pruebas de que mi apellido sea por ustedes!
En el fondo, Valeria sabía que no tenía la razón, pero preferiría morir antes que admitir que llevaba el nombre de esa familia.
Con tanta gente en el país apellidada "Moreno", no había forma de que demostraran legalmente que era por ellos.
—Pablo, la verdad es que tiene un punto. A lo mejor su apellido no es por nosotros. Quién sabe de qué hombre cualquiera será hija.
Isaac le lanzó una indirecta cargada de veneno.
Esa frase fue la que más le dolió.
Al escuchar eso, Valeria sintió una furia incontrolable.
¡Estos dos malditos infelices se estaban burlando de ella, llamándola bastarda en su cara!
Por suerte, ella era sangre de la familia Jiménez. Esa prestigiosa e influyente familia de intelectuales.
Una familia que, se mirara por donde se mirara, era mil veces superior a los Moreno.
Al pensar en eso, su enojo se disipó un poco. Sonrió con arrogancia, luciendo llena de orgullo.
—Por supuesto que no soy hija de cualquier don nadie. Mi verdadero padre pertenece a una familia de abolengo de más de un siglo de historia. Algo que ustedes jamás podrían envidiar.
—No coman ansias. Muy pronto sabrán de qué importante familia soy heredera.
Pablo soltó una carcajada burlona. Todavía le guardaba rencor por la forma en que había menospreciado a su verdadera hermana, así que no tuvo piedad.
—¿Una familia de abolengo? Aunque fueras la hija del presidente, una bastarda siempre será una bastarda. Jamás estarás a nuestra altura.

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