Entrar Via

Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 118

La visita al santuario, el único motivo por el que se había quedado, resultó ser una farsa.

Vera soltó un suspiro de frustración: —Abuela, usted sabe perfectamente que nosotros ya...

—Sebastián me dijo que compró los boletos de avión para más tarde. Tienen toda la mañana para ustedes, vayan a una cita, pasen tiempo juntos. Vera, nadie es perfecto, el matrimonio se construye de a dos. Yo sé que ustedes se tienen cariño.

—...

Vera se quedó sin palabras. Por muy profundos que fueran los sentimientos, las desilusiones actúan como una cuenta regresiva. Nadie es inmune al dolor ni capaz de amar incondicionalmente, sin esperar nada a cambio, a alguien que no le corresponde.

La abuela ya había colgado. Cuando Vera intentó llamar de nuevo, la línea mandaba a buzón.

No era alguien que se quedara llorando por los rincones, así que procesó rápido la situación.

A decir verdad, necesitaba hablar a solas con Sebastián sobre un tema importante: la reliquia de la familia Suárez, El Candado de Corazones Unidos.

Tenía que buscar la forma de recuperarlo, y esta era una buena oportunidad.

Tomó su equipaje y llamó a Sebastián. No tenía idea de dónde estaba él en ese momento.

La llamada no entró. Vera no le dio importancia; bajó sola a desayunar.

Supuso que Sebastián la contactaría o iría a buscarla. Pero llegó la hora de salir al aeropuerto y no recibió ni un solo mensaje.

Sin otra opción, Vera tomó un taxi y corrió hacia el aeropuerto.

A estas alturas, ya entendía perfectamente lo que estaba pasando: Sebastián la había dejado plantada. Seguramente había engañado a la abuela para librarse de ella.

A Vera no le sorprendió; la persona con la que Sebastián quería pasar a solas su tiempo, evidentemente no era ella.

Cuando llegó a la capital, ya era mediodía. A pesar de la grosería de Sebastián, su mente estaba ocupada pensando en la reliquia de su abuela.

Como había muestras del centro botánico que necesitaban procesamiento urgente, se dirigió primero a las instalaciones de Héxilo Digital.

Había cenado con ella en Nochebuena.

Y ahora, actuando con total equidad, en el segundo día del año corría directo a la casa de... ¿sus futuros suegros? Resulta que el tiempo que debían haber pasado juntos esa mañana lo había usado para volar de regreso a la capital y consentir a la familia de su novia.

Era la viva imagen del «yerno perfecto», cumpliendo religiosamente con la tradición de visitar a los suegros en las fiestas.

Se desvivía por Silvana y los suyos, pero jamás le había nacido la más mínima iniciativa para visitar a su abuelo Abelardo en Año Nuevo. En años anteriores, Vera tenía que rogarle y exigirle varias veces para que apenas le dedicara un par de horas al anciano. No había atención, no había esmero; era como si cumpliera una condena.

Vera bajó la mirada por un segundo. Qué ironía. Realmente ella era la culpable de haberle quitado tantos años impidiéndole estar con su «amor verdadero».

Se pasó la mano por el rostro, borrando cualquier rastro de emoción, y entró al cuarto de muestras botánicas con total tranquilidad.

El proceso de crear la medicina combinando fórmulas naturales y sintéticas era muy complejo. Sin embargo, los equipos de Héxilo y la Universidad Central eran muy profesionales. Héxilo se encargaba de la extracción natural, mientras que la Universidad procesaba las bases químicas.

Todo fluyó sin problemas. Solo faltaba que el compuesto superara las pruebas clínicas para poder solicitar la patente.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano