Vera reconoció de inmediato la mano de Sebastián. Justo al lado, una delicada mano femenina estaba casi rozándola, en un gesto íntimo y sugerente.
Al parecer, habían pasado toda la noche de fiesta.
Vera se tocó la mejilla por inercia.
Ayer, cuando Cecilia la agredió, Sebastián no había movido un dedo.
Pero por una simple baja de defensas de Silvana, gastó millones y voló en plena noche.
El valor de los sentimientos de una persona no se medía por la cantidad de años a su lado.
Y ella era el mejor ejemplo de esa cruel lección.
Ivonne rodó los ojos, tan furiosa que no sabía ni qué insulto usar: —¡Vaya, resulta que el gran Señor Zambrano sí sabe tratar a una mujer! Él y esa tipa son un par de...
Vera, con la calma de alguien que ya no formaba parte de esa historia, bajó la vista para seguir desayunando y completó la frase por su amiga: —Un par de adúlteros descarados.
La elección de palabras fue tan cruda que Ivonne casi se atraganta con la saliva.
Miró a Vera con una mezcla de sorpresa y emoción: —¿Hablas en serio de lo del divorcio? ¿De verdad ya tomaste la decisión definitiva?
Sabiendo lo diplomática que siempre era Vera, jamás habría hablado así de no estar convencida.
Vera se quedó sin palabras.
¿Hasta su mejor amiga dudaba de que pudiera dejarlo?
Eso solo demostraba lo patética y sumisa que había sido durante su matrimonio con Sebastián.
—Lo juro, es verdad —dijo levantando tres dedos con seriedad.
Ivonne finalmente suspiró aliviada, pellizcándole con cariño y pena las mejillas suaves y de piel radiante.
Conocía a Vera desde hacía casi diez años.
Cuando Vera se casó con Sebastián y se convirtió en la envidiada esposa de la familia Zambrano, Ivonne realmente se alegró por ella.
Si había alguien que monopolizaba las portadas en la alta sociedad, era Sebastián Zambrano.
Era el heredero elegido, y desde que tomó el control parcial del Grupo Zambrano, expandió rápidamente la empresa hacia áreas de salud, bienes raíces, inteligencia artificial y energía. Jamás había perdido una sola inversión.
Cualquier proyecto que tocara se convertía en un éxito rotundo.
Un líder implacable y brillante de la nueva generación.
Físicamente, parecía sacado de una película; imponente, atractivo, y con un aura seductora, aunque frío como el hielo. Dondequiera que fuera, era el centro de atención.

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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...