—Lo lamento, Señor Zambrano, pero no puedo aceptar. En Héxilo Digital no decido solo yo; hay muchos accionistas y nadie quiere que nuestra situación actual y estable cambie.
Llegados a este punto,
ya no había necesidad de decir más.
Silvana estaba un poco sorprendida e incrédula.
Había venido con toda la buena intención del mundo, e incluso usó como amenaza indirecta la posibilidad de presentar cargos contra Vera por el golpe, ¿y aun así la rechazaban?
Sebastián no pareció sorprenderse. Se levantó de inmediato y se abrochó el saco con una mano: —Entiendo.
No insistió.
Sin embargo, eso dejó a Vera con un sentimiento de inquietud.
Después de todo, Sebastián era un hombre calculador y profundo. Si había pensado en ese plan, seguramente venía con la intención de conseguirlo a como diera lugar.
—Que tenga un buen viaje de regreso, Señor Zambrano —se despidió Pedro, manteniendo la compostura.
Antes de irse, Silvana posó una mirada de resentimiento sobre el rostro de Vera.
Vera la ignoró.
Justo al salir por la puerta,
Sebastián detuvo sus largos pasos, se giró lentamente, miró a Vera con frialdad y, finalmente, echó un vistazo a sus piernas: —Tu pantalón está sucio, deberías limpiarlo.
Vera bajó la mirada.
Recién entonces se dio cuenta de que la herida no tratada en su rodilla había dejado filtrar un poco de sangre a través de la tela. Llevaba unos pantalones blancos, de tela fina y con mucha caída, por lo que la mancha era muy evidente.
Frunció el ceño.
No necesitaba que Sebastián le recordara que tener sangre en el pantalón era de mal gusto.
Pero Sebastián ya se había ido.
La reunión había terminado, de nuevo, en malos términos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...