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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 533

Vera no tenía la menor intención de cruzar palabra con Sebastián sobre ese asunto.

Incluso tuvo la entereza de desviar la mirada con total calma.

Doña Elia Valdés ya se había acercado y dirigió una mirada gélida a Silvana: —Tanto el asunto de la alteración de la investigación de Vera como el posible plagio en tu trabajo son temas sumamente serios. Silvana, tendrás que cooperar con la investigación que se llevará a cabo en unos momentos.

A Silvana se le helaron las extremidades.

Una creciente y desestabilizadora sensación de pánico comenzó a echar raíces en su interior.

Nada había salido como ella esperaba. De hecho, sentía que ella misma había caminado hasta el borde de un acantilado profundo, sin salida alguna ni hacia adelante ni hacia atrás.

Apretó los puños con fuerza.

Se esforzó al máximo por no mostrarse completamente despavorida, tragándose su angustia, y asintió levemente.

Antes de retirarse, Doña Elia miró a Vera con ojos llenos de afecto. Tras observarla de arriba abajo con admiración, le dio unas suaves palmadas en el hombro: —Ese viejo de Cárdenas sí que tiene buena estrella. Vera, si no te importa, cuando tengas tiempo libre me encantaría que charláramos sobre tu línea de investigación en enfermedades neurológicas.

Silvana miró a Doña Elia, boquiabierta.

Decir "charlar" era una forma humilde de expresar admiración y un deseo genuino de apadrinarla.

Vera asintió de inmediato, sintiéndose profundamente honrada: —Por supuesto, será un privilegio.

Doña Elia tenía que marcharse.

El asunto de Silvana requería atención inmediata.

Las altas esferas ya estaban interviniendo y el caso se iba a manejar con la mayor rigurosidad.

Tras la partida de Doña Elia, Vera tampoco tenía deseos de prolongar su estancia. Ignorando a Sebastián, que seguía a pocos pasos, se marchó sin siquiera mirar atrás.

No iba a debatir cuestiones personales con él en ese lugar.

Ni iba a darle explicaciones sobre haber dado a luz a la hija de Adriano Herrera estando aún casada con él.

La profunda e inescrutable mirada de Sebastián siguió la figura de Vera mientras ella lo esquivaba a propósito. Aunque el rostro de él no mostraba ninguna emoción, había un torbellino formándose bajo la superficie.

Silvana tomó una profunda bocanada de aire: —Lo siento, Sebastián, hubo un imprevisto. Creo que no podremos asistir a la grabación del programa...

¡Pensar en el esfuerzo que había invertido en todo eso le provocaba náuseas!

Saúl Iriarte se quedó atónito.

¿Resultaba que la rival de su hija era... la famosísima Faye?

Beatriz, que escuchaba al lado de su esposo, no podía dar crédito a lo que oía: —¿Y qué vas a hacer ahora?

Silvana apretó los puños con rabia: —Mi tesis tiene problemas. Me acusan de plagiar a Faye y van a proceder en mi contra. No logré incriminar a Vera por fraude académico; no solo no conseguí que la Universidad Central le quitara su puesto de profesora, sino que además quedé en la lista negra de todos los altos directivos...

Se sentía como una mosca atrapada en un frasco.

Con la mente hecha un completo desastre.

Solo podía desahogarse de golpe, esperando desesperadamente que a sus padres se les ocurriera alguna forma de rescatarla de ese pozo tan sucio.

—¿Vera también quiere ir en tu contra? —Saúl gruñó, profundamente decepcionado y furioso—: Esa ingrata siempre ha sido retorcida. ¡Toda esa familia es de lo más rencorosa y vengativa!

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