Él se había negado.
En aquel entonces, ella se consolaba pensando que Sebastián lo hacía porque consideraba que tomar ese tipo de píldoras le causaría mucho daño a su cuerpo, y por eso prefería detenerse.
Pero con el tiempo dejó de engañarse a sí misma.
La cruda realidad era que él no quería correr ni el más mínimo riesgo, y lo más probable es que simplemente no confiara en que ella realmente tomaría la medicina.
Al final, logró entender la verdadera naturaleza de la situación.
Vera mantuvo la mirada fija en Sebastián: —¿Acaso olvidaste cómo era nuestra vida matrimonial? ¿Con qué derecho te atreves a pensar que Lina tiene algo que ver contigo?
—Cuando hablé de culpa, me refería a que no debí haber hecho lo que hice mientras seguíamos casados. Te debía una explicación, así que decidí esperar a que tú mismo pidieras el divorcio para poder marcharme con la conciencia tranquila. Lo que nunca imaginé fue que acabaríamos enredados durante tantos años. ¿Te parecen lo suficientemente sólidas mis razones?
A Vera no le importó que sus palabras sonaran aún más crueles.
Lo decía con total firmeza porque sabía que Sebastián no tenía memoria alguna de la única vez en la que no había usado protección: aquella noche, justo antes de que él viajara al extranjero, en la que llegó completamente ebrio. Ese pequeño gran detalle era ahora su escudo y su salvación.
Sus palabras fueron como dardos envenenados.
Y su expresión irradiaba puro sarcasmo.
Sarcasmo hacia el delirio y la "arrogancia" de Sebastián.
Sarcasmo hacia su osadía de pensar que la niña podía ser suya.
Sebastián guardó un silencio sepulcral.
Era imposible descifrar qué emociones se ocultaban detrás de esos ojos insondables.
Ambos se quedaron congelados, atrapados en un pulso invisible.
Vera no le había dejado ningún resquicio de esperanza.
Como ya no tenía ningún vínculo real con Sebastián, debía ser lo suficientemente despiadada y contundente para erradicar cualquier sospecha sobre el origen de Lina.
Si ya no lo quería en su vida, ¿por qué iba a utilizar a la niña para mantener alguna clase de conexión entre los dos?
Aunque no estaban gritando ni inmersos en una discusión histérica, se sentía como si estuvieran apuntándose mutuamente al cuello con navajas afiladas.
Pasó lo que pareció una eternidad.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...