Los hoyuelos en sus mejillas se marcaban con dulzura.
Sebastián se quedó observando aquella escena.
Y de pronto, un recuerdo de hace más de diez años cruzó por su mente.
También era una niña, que le rogaba que tomara su medicina para sanar sus heridas, y cuando él aceptaba, ella se mordía el labio riendo a escondidas.
Madre e hija...
Eran idénticas.
Él caminó hacia ella.
Y se sentó en la silla que estaba al lado de Lina.
Sin decir una palabra.
Lina levantó la vista en un punto y lo miró: —Tío, ¿no ibas a tu cita con esa señora?
Sebastián miró a la niña que su exesposa había tenido con Adriano.
Con un tono indiferente, respondió: —¿Te molesta que me siente aquí?
Lina volvió a bajar la mirada: —Si me preguntas, entonces no me molesta.
Sebastián notó que la niña tenía sus propias opiniones y una forma de hablar muy peculiar. Había niños que desde pequeños demostraban un carácter fuerte e independiente.
No volvió a hablar.
En cambio, Lina de vez en cuando lo miraba de reojo.
—Tío, ¿estás triste?
Se había dado cuenta.
Ese tío parecía tener un aire amargo.
Algo difícil de explicar.
Sebastián empezó a ayudarle a buscar las piezas que necesitaba. No respondió a su pregunta, sino que dijo: —Te pareces mucho a tu mamá. Esos hoyuelos tan característicos, y tu carácter... también es igual.
Tan madura para su edad, llena de ideas en su cabecita.
Al escuchar que se parecía a su mamá, Lina mostró un ligero gesto de orgullo y dijo como haciéndole un favor: —Tío, tienes muy buen ojo.
Un cumplido.
Eso logró sacarle una sonrisa a Sebastián.
Él miró sus tiernas mejillas y esbozó una leve sonrisa: —Tú también sabes endulzar los oídos.
Al alegrarse, Lina...
Aceleró sus manitas al armar los bloques.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...