Quizás esto tampoco estaba tan mal.
No todos los matrimonios se unían por amor apasionado. Algunos lo hacían por responsabilidad, otros por circunstancias inevitables, o simplemente para construir una vida juntos, intentando adaptarse el uno al otro en el camino.
Además...
Entre ella y Adriano, estaba Lina.
Vera le acomodó una de las trencitas a Lina y finalmente respondió: —De acuerdo.
Adriano se quedó momentáneamente paralizado, luego observó su perfil y sus labios se curvaron lentamente en una sonrisa.
El cumpleaños de Doña Elia concluyó sin mayores contratiempos.
Como había demasiados invitados y Doña Elia estaba sumamente ocupada, Vera decidió no acercarse a molestarla.
—No te preocupes, mañana que haya menos gente podemos venir a visitarla —le aseguró Adriano, disipando sus dudas.
Vera asintió, tomando a Lina de la mano: —Entonces nos vamos.
Lina extendió los bracitos hacia Adriano de inmediato: —¡Papi, dame la mano!
Al ver el claro esfuerzo de Lina por no dejar a ninguno de los dos de lado, Adriano sonrió, dio un paso al frente y la tomó de la mano. Con Vera a la izquierda y él a la derecha, caminaban mientras columpiaban a la niña por los aires, haciéndola dar saltos mientras avanzaban.
Cuando Sebastián se abrió paso entre la multitud...
Presenció exactamente esta escena.
Los dos adultos y la niña. Vera y Adriano se miraban de reojo con sonrisas llenas de ternura mientras bajaban la vista hacia Lina, y de vez en cuando, levantaban la mirada para sonreírse mutuamente.
Parecían, a todas luces, una verdadera familia.
Esa felicidad irradiaba a lo lejos, era tan palpable que...
Era imposible de ignorar.
Su figura alta y esbelta se quedó inmóvil, observando en silencio bajo un pino centenario.
En su rostro, excesivamente hermoso, no asomaba ni una pizca de emoción.
Sus ojos oscuros permanecieron fijos en esa dirección, hasta que las tres figuras desaparecieron por completo de la entrada.
Solo entonces apartó la mirada.
Un instante después.
Silvana se acercó a él: —Sebastián, hice una reservación para cenar esta noche. Mi mamá me dijo que quiere compartir una cena contigo. ¿Te parece bien?
Sebastián se giró hacia ella, sus ojos vacíos de cualquier calor humano, y respondió con un indiferente "hm".
Silvana volteó repentinamente la cabeza.
Mirando fijamente hacia el mismo rumbo por el que Vera y los demás acababan de irse.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...