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Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano romance Capítulo 757

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Esa actitud repentinamente maternal y cariñosa de Doña Isabel solo hizo que a Vera le recorriera un escalofrío por la espalda.

Al fin y al cabo, su relación con la familia Zambrano había terminado en los peores términos posibles.

La anciana incluso sabía que había dado a luz a una hija de la familia Herrera.

Y ahora, mostrarse con esa actitud...

Vera sintió que la cabeza le daba vueltas. Se acercó paso a paso y entonces notó que, de espaldas a ella, había una figura sentada en el salón. Era una mujer esbelta, con una postura de impecable elegancia.

Ese tipo de gracia no era algo que poseyera cualquier persona.

Solo podía ser producto de la refinada educación de una familia poderosa.

Doña Isabel, siendo la matriarca de los Zambrano, dominaba a la perfección el arte de las apariencias. En ese momento, se veía igual de amable y serena que siempre. Sin borrar su sonrisa, le hizo una seña a Vera:

—Ven, Vera, acércate. Quiero que conozcas a la señorita Zenteno.

Vera frunció ligeramente el ceño, pero sin alterar su expresión.

Se acercó y su mirada se cruzó con la de la misteriosa mujer.

La desconocida llevaba un hermoso medio recogido en su cabello ondulado. Su abrigo blanco perlado, ajustado a la cintura, exudaba opulencia. Tenía una sonrisa en los labios, pero sus ojos escondían una mirada evaluadora y serena. Era el tipo de altivez y seguridad que solo posee alguien que ha sido mimada toda su vida.

Con solo un vistazo, Vera supo que esa señorita Zenteno no era alguien cualquiera.

Daniela Zenteno le dio a Vera un discreto repaso visual antes de asentir con cortesía.

—Hola. Soy Daniela Zenteno. Hoy soy invitada de la familia Zambrano; es un gusto conocerte.

Mantuvo un trato sumamente educado.

Vera pensó que ese apellido no era tan común.

Al menos, no recordaba haberlo escuchado en la capital.

Fue entonces cuando Doña Isabel tomó la palabra:

—La influyente familia Zenteno del sur. La señorita Zenteno es la heredera de los Zenteno. Ha venido a la capital y a nuestra casa para conocer a Sebastián, para que ambos puedan tratarse y ver qué surge.

Vera comprendió la situación en un abrir y cerrar de ojos.

Así que Daniela Zenteno era...

La candidata para la cita a ciegas de Sebastián.

¿Y Doña Isabel la había chantajeado para que viniera solo para obligarla a ver con sus propios ojos a la verdadera heredera de alta cuna que sí estaba a la altura de Sebastián?

Una ligera mueca asomó en los labios de Vera. No le pareció mal la actitud de Daniela; de hecho, era precisamente porque la mujer era segura de sí misma y tenía amor propio que no le importaba tener un encuentro frente a frente con ella.

Pero la mujer que había orquestado ese encuentro, Doña Isabel...

¿Qué clase de juego mental estaba jugando?

Especialmente cuando la relación entre Vera y los Zambrano estaba tan deteriorada.

—Antes de venir, nadie me informó que conocería a la pretendiente de Sebastián —dijo Vera de manera tajante, dejando las cosas claras.

Ante ese comentario.

Daniela dirigió una rápida mirada a Doña Isabel.

La anciana miró a Vera por el rabillo del ojo y se apresuró a decir:

—¿Qué importancia tiene? Es solo venir a compartir una comida en familia. Es fin de semana, ¿acaso te he quitado tanto tiempo?

¿Qué más podía decir Vera? Su tono fue gélido:

—Simplemente creo que, si la señora todavía me considera parte de la familia Zambrano, ¿no le parece que esto es una falta de respeto hacia la señorita Zenteno?

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