Vera se giró. La frialdad aún no se había disipado de sus ojos cuando vio a Sebastián Zambrano bajar del coche que había estacionado detrás de ellas. El cielo estaba plomizo y él mostraba un rostro carente de toda expresión; sus ojos, rasgados y cautivadores, no desprendían ni una pizca de calidez.
Alexa se quedó petrificada por un segundo.
Observó cómo la figura de Sebastián se acercaba.
Hasta que...
Lo vio colocarse hombro a hombro con Vera. A pesar de que estaban divorciados, en ese momento, parados juntos, proyectaban una barrera invisible que nadie parecía capaz de penetrar.
Los ojos de Alexa titubearon mientras se apresuraba a saludar: —Señor Zambrano.
Sebastián ni siquiera le dirigió una mirada.
Se volvió hacia Vera: —¿La familia Herrera ya se comunicó contigo?
Vera lo observó. Aunque Sebastián no había hecho ninguna alusión directa a la ola de difamaciones, inexplicablemente sintió que la tensión en su pecho disminuía un poco: —Todavía no.
Sebastián se giró de nuevo: —Bien, yo me encargaré.
Su tono seguía siendo el mismo de siempre: frío y distante.
Pero esta vez, llevaba oculta una emoción que volvía sus palabras tan filosas como cuchillas de hielo.
Vera se quedó perpleja: —Tú...
En este escándalo, aunque la familia Zambrano estaba salpicada, no eran ellos los que estaban sufriendo las peores consecuencias. De hecho, ante los ojos del público, los Zambrano eran las «víctimas». Sebastián perfectamente podría lavarse las manos y no involucrarse.
Sin importar cómo ella resolviera las cosas.
Ni si lograba sobrevivir a la tormenta.
Él no tenía la más mínima obligación de mover un dedo.
—Acompáñame a ver a los directivos de tu universidad —Sebastián levantó la muñeca para mirar su reloj y clavó nuevamente su mirada en Vera—: Vamos a solucionar esto.
Vera sintió un nudo en la garganta: —¿Tienes un plan?
No había escape posible.
Incluso si Sebastián daba la cara para jurar que Vera jamás fue promiscua, de poco serviría. Las palabras se las lleva el viento, y no serían suficientes para convencer a los directivos de la universidad, ni mucho menos saciar el morbo de las masas hambrientas de escándalo.
—Te preocupas demasiado por lo que le pase a Vera y a mí —soltó Sebastián, con un tono impregnado de escarcha.
Hasta Vera no pudo evitar alzar la vista para mirarlo.
Era muy raro que él dejara entrever sus emociones. Siempre se mostraba frío, apático y desinteresado por todo y todos. Pero en ese momento, irradiaba una agresividad letal que dejaba algo muy claro...
Estaba enfurecido.
Pero, ¿cuál era la verdadera razón de su furia?
—Al fin y al cabo, es mi hermana, y no es justo que su brillante futuro sea destruido por unos rumores absurdos e inventados —respondió Alexa, inflando ligeramente las mejillas, con sus ojos de ciervo desbordando una preocupación casi palpable.
—Pues entonces, muchas gracias —replicó Vera, esbozando una sonrisa cargada de un repentino e inexplicable sarcasmo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...