No terminó la frase.
Sebastián cerró los ojos y se desplomó hacia adelante.
Con reflejos rápidos, Vera logró sostenerlo con mucho esfuerzo.
Era algo que ya tenía preparado desde antes de llegar.
La condición de Sebastián no daba espera, y ella no iba a gastar su tiempo acompañándolo y tratándolo con dulzura; eso solo sería un desperdicio y, de todas formas, no garantizaba que lograra convencerlo. Era mejor ser directa.
Se lo había advertido.
No había venido a rogarle.
Vera lo había organizado todo a la perfección.
Nada más aterrizar, tramitó el alquiler de un vuelo chárter para llevarlo directo a Suiza.
Si Sebastián quería reclamarle, que lo hiciera cuando despertara allá.
No fue hasta que subieron al avión...
Sebastián estaba recostado en la cama. Aún en su estado de inconsciencia, mantenía el ceño fruncido. En ese momento su rostro estaba aún más pálido; esa apariencia enfermiza quedó completamente al descubierto al no tener sus defensas alerta.
Vera se sentó a su lado, observando sus mejillas cada vez más hundidas.
Echó la cabeza hacia atrás, aguantándose todas las emociones enredadas en su pecho.
Luego, antes de despegar, llamó por teléfono a Quintana.
—¿Sebastián no tenía almacenado plasma con factores de coagulación especiales de reserva? Necesito que te encargues de eso. Consigue a los especialistas y el equipo necesario para enviarlo a Suiza de inmediato.
Las condiciones para conservar ese plasma eran extremadamente estrictas.
Y al tratarse de factores de coagulación modificados, requerían aún más rigor.
A ella le hubiera gustado llevárselo consigo, pero las condiciones no lo permitían, así que era vital asegurar su almacenamiento y traslado.
Debido a los problemas de coagulación de Sebastián, debían prevenir cualquier hemorragia masiva. El plasma era imprescindible. Su condición era tan específica que el plasma común no serviría; el Profesor Robert le había comentado que él mismo contaba con plasma especial guardado para una emergencia.
Era necesario contar con él durante la cirugía.
Sin darle tiempo a Quintana para responder, Vera colgó.
La salud de Sebastián estaba muy deteriorada.
Con la dosis que ella le administró, calculada para alterar lo menos posible el equilibrio de su cuerpo, el efecto debía durar solo unas horas. Sin embargo, él no despertaba, lo que tenía a Vera al borde del colapso, casi al punto de querer conectarle monitores cardíacos y oxígeno.
Tras más de diez horas de vuelo, por fin llegaron.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...