El impulso de Vera de empujarlo quedó en suspenso de inmediato ante aquellas palabras. La temperatura de su cuerpo, su respiración, la envolvían por completo, sirviendo como testimonio viviente de que él había logrado arrastrarse a duras penas desde el borde mismo de la muerte.
Ella sabía mejor que nadie lo difícil que había sido.
Ese era un Sebastián vivo.
Para cuando volvió en sí, él la había estrechado aún más.
Era una especie de terror a perderla, como si ella fuera un madero a la deriva en medio del mar.
Pasó un largo rato.
El cuerpo tenso de Vera fue relajándose poco a poco.
—Duérmete.
Ya no quería pelear más.
En el estado en el que él se encontraba ahora mismo, ella admitía que su corazón no podía ser del todo frío.
Sebastián frotó suavemente su rostro contra su cuello en silencio, y solo entonces una imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios, con los ojos cerrados y el corazón por fin en paz.
Ni siquiera él sabía por qué actuaba así.
Parecía que únicamente estando a su lado su cuerpo y su corazón lograban un respiro. Aunque no recordaba el pasado, las sensaciones físicas y emocionales seguían intactas. Estaba agotado y sufría una ansiedad constante, lo cual le provocaba un dolor punzante hasta en los nervios.
Lo único...
Lo único que lograba relajarlo era mirarla a ella.
No supo cuánto tiempo pasó.
Cuando Vera por fin pareció quedarse dormida, él levantó la cabeza y usó su visión borrosa para esforzarse en observar su rostro apacible mientras dormía. En un susurro apenas perceptible, murmuró:
—No me dejes, ¿sí?
-
Vera durmió durante mucho tiempo.
Cuando despertó, el sol ya estaba alto. Inconscientemente tanteó a su lado y su mano encontró un cuerpo cálido, con músculos firmes.
Giró la cabeza.
Sebastián ya estaba despierto desde quién sabe cuándo; apoyado en las almohadas, hojeaba una revista sin haberla interrumpido. Solo que, como ella apenas acababa de despertar y su cerebro no había arrancado del todo, había estirado la mano buscando a alguien y la había posado directo sobre el abdomen de él.
La bata de hospital que llevaba era holgada, de modo que cuando ella extendió la mano, sintió en la palma una textura tan definida y maciza que instintivamente apartó la mano de un salto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...