Ivonne sonreía, mientras las lágrimas caían una tras otra como perlas desprendidas de su hilo. Apretó fuertemente un teléfono en su mano; Vera bajó la mirada y vio que la pantalla mostraba la interfaz de rastreo de ubicación.
Y en esa pantalla iluminada, dos pequeños íconos de teléfonos estaban perfectamente superpuestos.
Era la prueba de que el teléfono que compartía ubicación con el de Ivonne se encontraba exactamente en esa habitación.
—Vonny... —la garganta de Vera le dolía de lo reseca que estaba. Abrazó a Ivonne con fuerza.
Ivonne cerró los ojos.
Ni siquiera ella imaginó que el mínimo rastro de esperanza que albergaba en su interior sería reducido a cenizas de una manera tan humillante.
No quería enfrentarlo, su primer instinto fue huir, fue intentar convencerse de que todo era producto de su propia paranoia. Ella y Daniel compartían una historia de amor desde su juventud, se habían sacado el uno al otro del pantano paso a paso, no quería pensar lo peor de él.
Incluso cuando los detalles más pequeños ya estaban a la vista.
Pero aun así, había ido hasta allí.
Su antiguo teléfono estaba vinculado para compartir la ubicación con Daniel.
Y eso había sido algo que el propio Daniel le había pedido en su momento.
Llegar hasta donde estaba no había sido fácil para él. Sobrevivir en el mundo de los negocios exigía toda su energía; hace unos años estaba tan ocupado que casi no dormía, deseaba que los días tuvieran más horas para poder lidiar con viajes, reuniones interminables y compromisos sociales.
Eso hacía que a veces ella no pudiera localizarlo.
En ese entonces, ella era comprensiva con él, pero Daniel sentía que no lograr encontrarlo la haría sentir intranquila, así que él mismo vinculó sus ubicaciones para que ella pudiera ver dónde estaba en todo momento.
Para que no se preocupara de que le hubiera pasado algo malo.
Solo que después creyeron que el teléfono se había perdido, y ahora, al volver a encenderlo...
Volver a usar la ubicación compartida sirvió para... confirmar su traición.
—Vera, parece que él y yo hemos terminado —Ivonne seguía sonriendo, pero las lágrimas no cesaban. Parecía que solo sonriendo podía evitar sentirse tan miserable—. Vera, él de verdad lo hizo...
Incluso.
Hasta reconocía a la mujer.
Había estado grabando comerciales con ella durante el último mes, la tenía frente a sus ojos todos los días y ella no se había dado cuenta de nada. Sentía que se estaban burlando de ella en silencio.
Zoraida seguramente también la veía como alguien ridícula.
Como a una idiota manipulada a su antojo.
El rostro de Vera palideció y respiró hondo.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Fui yo quien te dejé, Sr. Zambrano
Me gusta la historia, pero creo que le han puesto demasiado a la trama y se está haciendo muy larga...
¿Cuándo se publicaran más capítulos?...
Porque no hay más capítulos...
Que lastina que no esta gratis para poder leerlo😭😭...