Camila se congeló por un momento y sonrió.
—Señor, no creo que eso sea una enfermedad. Usted es tan solo un hombre lujurioso. Le sugiero que vaya a casa y se dé una ducha fría para ver si se siente mejor.
Emir estaba con claridad coqueteando con Camila.
Si le hiciera eso a otra mujer, esa mujer, seguro lo llamaría pervertido y le daría una fuerte bofetada en la cara. Pero Camila supo responder con paciencia y delicadeza.
Es fácil aprovecharse de ese tipo de actitud.
Emir no podía soportar volver a burlarse de Camila, así que llamó a Cordelia por teléfono. No solo quería decirle que estaba bien, sino que también quería que ella le ayudara a revelar su identidad a Camila.
«No quiero tener que volver a revelar mi marca de nacimiento para demostrar mi identidad».
Cuando Camila se enteró, dejó caer el teléfono y empezó a llorar.
«¡No me extraña que me resulte familiar! ¡No me lo estaba imaginando!».
Ambos se abrazaron y Emir no pudo evitar hablar de los viejos tiempos. Recordó el pasado y dijo:
—Camila, ¿todavía te acuerdas de cuando competíamos para ver quién orinaba más lejos? Acabaste mojándote los zapatos y el señor Olivares te regañó. Después me ignoraste durante varios días seguidos.
Camila no esperaba que Emir aún recordara aquel incidente. Mientras se sonrojaba, refutó:
—¡Tonterías! Fue Delia.
—¡Camila! ¡Todavía estoy al teléfono! ¿Cómo te atreves a calumniarme? ¡Te voy a hacer pagar!
De repente, la fría voz de Cordelia se escuchó a través del teléfono. Solo entonces Camila se dio cuenta de lo que estaba pasando. Estaba abrumada por las emociones momentos antes, y se olvidó de terminar la llamada.
—¡Oh! Creo que recuerdo mal. Tal vez era Nati… —Se corrigió.
Camila tomó el teléfono y colgó sin dar a Cordelia la oportunidad de decir nada más.
En ese momento, tres médicos trabajaban en Clínica Albaricoque, incluida Camila. El más famoso de ellos era Leonel Falcón.
Leonel era tan famoso, que cada vez que estaba de turno, Clínica Albaricoque se llenaba de pacientes. No hace falta decir que todos esos pacientes lo buscaban en específico a él.
Pero eso no significaba que tuviera los mejores conocimientos médicos. Leonel solo era famoso porque tuvo como mentor al médico más famoso del país, Darío Rodríguez.
Los pacientes tan solo asumieron que Leonel era el médico más fiable disponible porque estaba asociado con Darío. También por eso las clínicas médicas solían tener que pagar una fortuna para contratar a médicos famosos.
Un suceso así tendría mayor repercusión en las clínicas de menor escala. Por lo tanto, no importaba lo capaz que fuera Camila como médico, porque seguiría sin poder conseguir clientes, sin fama.
Por lo general, los pacientes prefieren acudir al hospital para recibir tratamiento, que visitar una clínica sin médico conocido. Camila sabía que así era, así que no tuvo más remedio que contratar a Leonel a un buen precio. Desde entonces, Clínica Albaricoque empezó a ir mejor en los negocios.
Por supuesto, no era la primera vez que un paciente entraba en la clínica exigiendo ver a Leonel.
—Muy bien. Por favor, siéntese y espere un rato. Llamaré al doctor Falcón para ver si ya está libre —dijo Camila con impotencia.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Guardián de Siete Bellezas Hermanas