Al escucharlo, no pude evitar despreciarlo y reírme irónicamente. Hablábamos idiomas diferentes; él ya estaba pensando en irse al extranjero a conquistar mujeres y hasta me amenazaba con que debía volver a casa y comportarme. Incluso, por cómo lo decía, parecía esperar que, a su regreso, yo simplemente me entregaría a él.
Qué iluso, ¡un verdadero patán, mucho peor que en mi vida anterior!
Le solté los dedos uno a uno, esta vez no se resistió, fue fácil. Lo miré fijamente con una sonrisa suave en los labios.
"Hombre, te pasas de listo. Jugando a dos puntas te puedes ahogar. Ah, y cuando salgas, no olvides llevar un pararrayos; no vaya a ser que te caiga un rayo y quedes hecho un asco. Eso sí que me daría pena."
Así terminamos Gabriel y yo, no precisamente en buenos términos.
Volví a casa y me dediqué a organizar las obras artesanales de mi madre, entre ellas, solo faltaba el dragón.
Mirando el retrato de mi mamá, pasaba mis dedos suavemente por la foto mientras la nostalgia me inundaba. Sentía un nudo en la garganta, pero no dejé que las lágrimas cayeran, solo un profundo resentimiento llenaba mi mirada.
"Mamá, te prometo que recuperaré todo lo que me dejaste como dote."
"Y te vengaré, no dejaré que esos miserables que te hicieron daño queden impunes."
En mi vida pasada, solo sentía la traición; mi padre había tenido una amante, y para colmo, era mi tía Isabella. Mi rabia era inmensa, y mi venganza solo buscaba dejarlos en la ruina.
Pero en esta vida, quería más que arruinarlos económicamente; quería que no pudieran levantar la cabeza delante de nadie. Sin embargo, tras pelearme con Serena, sentí que eso no era suficiente, ni de lejos.
Los malos siempre son más crueles de lo que uno imagina.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Hora de liberarme de ser tu esposa