A Sofía se le cortó la respiración.
Ese nombre llevaba tres años sin aparecer en su mundo.
Cuando se marchó, había bloqueado el número de teléfono de Nicolás. Él le había enviado un mensaje que decía: "Te luciste". Ella no se atrevió a responderle. Desde entonces, Nicolás no volvió a buscarla, por lo que nunca lo bloqueó de su WhatsApp.
Al ver ese "Me gusta", que parecía salido de ultratumba, Sofía recordó de inmediato el "Te luciste", y al imaginar el rostro sombrío del apuesto hombre, un escalofrío le recorrió todo el cuerpo. Del susto, tiró el celular a la cama.
...
Al día siguiente.
La salud de Sofía no se había recuperado del todo. Debería haberse quedado hospitalizada un par de días más, pero detestaba el olor del hospital, así que decidió pedir el alta.
Hizo los trámites de salida sola y salió del edificio. Afuera estaba lloviendo con bastante fuerza.
Tatiana se había ofrecido a recogerla, pero Sofía se negó; no quería molestar a nadie.
Había pedido un taxi, pero antes de que llegara, la lluvia comenzó a salpicar hacia donde estaba y el viento helado le calaba hasta los huesos. Sofía retrocedió para resguardarse, y al levantar la vista, vio un Maybach negro deteniéndose justo enfrente.
Sosteniendo un paraguas, la figura alta y esbelta de Adrián apareció caminando bajo la lluvia.
Al ver la escena, Sofía se quedó pasmada por un momento. Quizás porque cierta persona había dejado una marca demasiado profunda en su corazón, en ese instante, la imagen de Adrián se transformó en la de alguien más en su mente.
Adrián se parecía mucho a él: un cuerpo imponente, una postura recta, y un rostro apuesto que irradiaba autoridad sin siquiera intentarlo. Al mirarla con esos ojos profundos y oscuros, sentía que le atravesaban el alma. El aura de poder absoluto y dominante que venía con su alta posición era capaz de hacer latir el corazón de cualquiera.
Adrián se parecía a él, pero no lo era. Era, de hecho, una versión inferior.
Lástima que ese hombre no la amara. Él tenía a la dueña inalcanzable de su corazón. Aunque Sofía se había quedado a su lado durante cinco años, nunca logró entrar en él.
De la misma manera en la que tampoco lograba entrar en el de Adrián.
A veces, cuando Sofía lo pensaba detenidamente, se sentía como un verdadero fracaso.
Sofía dejó de lado sus pensamientos. Vanessa también había venido con Adrián. Él la protegía también que no permitió que le cayera ni una sola gota de lluvia.
—¿Sofi, vas a que te den el alta?
Sofía los miró:
—Sí. ¿Qué hacen aquí?
—¿No íbamos a tomarnos las fotos por nuestro tercer aniversario de bodas? Ya arreglé todo. Vamos —respondió Adrián.


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