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IMPERDONABLE romance Capítulo 157

TOMO 3. CAPÍTULO 157. Un sentimiento inevitable.

Logan

La miro en silencio, y cada segundo que paso observándola me duele más. Liliana está sentada a mi lado, con el cabello algo revuelto por el cansancio, haciéndome esta confesión como si toda la maldad del mundo pudiera concentrarse en su voz de una sola vez.

Comprendo entonces de dónde sacó el dinero para levantar su empresa, le robó todo el dinero que Ryker estaba escondiendo y tiene razón: eso debió ponerlo desquiciado, porque probablemente sería el fruto de sus mierd@s de los últimos años.

—No te preocupes —sentencia con seguridad—. Voy a hacer que ese infeliz pague por todas las vidas que ha destrozado.

Asiento y veo que la mujer a mi lado tiene una fortaleza que debería inspirar a cualquiera, pero a mí me destroza, porque sé que no siempre fue así. Yo fui quien le quitó esa dulzura, quien la empujó a ser esta mujer que lucha sola contra todo. Y ahora que estoy aquí, frente a ella, me pesa darme cuenta de que no sé si alguna vez podré reparar lo que hice.

Me levanto, incapaz de soportar mis propios pensamientos, y trato de despedirme.

—Deberías descansar —murmuro caminando hacia la puerta, mientras ella levanta la vista con una expresión de preocupación en los ojos.

—¿Te pasa algo? —me pregunta caminando despacio detrás de mí hacia la puerta.

Quiero decirle que no, que todo está bien, pero la verdad me estalla en la boca antes de que pueda detenerla.

—Sí. —La miro directamente, dejando que vea lo que siento—. Me pasa que acabo de entender algo que he estado evitando durante semanas.

Ella no dice nada, solo me observa con esa mirada profunda que siempre me desarma.

—¿Qué cosa?

—Que nunca podré recuperar lo que teníamos, Lili. Nunca. Porque te rompí. Te rompí de tantas maneras, y todo... todo es mi culpa —gruño mientras mis ojos se humedecen sin que pueda evitarlo.

Veo cómo parpadea, sorprendida, pero no intenta interrumpirme. Me acerco un paso, sintiendo cómo cada palabra me quema por dentro.

—Y lo peor de todo es que eso hace que amarte sea aún más duro. Porque sé que tú mereces algo mejor, alguien mejor. Alguien que no te haya fallado como yo. —Me río amargamente, aunque no hay nada gracioso en esto, y este maldito pensamiento intrusivo se me sale—: ¡Joder, hasta va a resultar que me tendrá que caer bien el idiota de Arthur!

Eso le arranca una ligera sonrisa, pero es tan breve que apenas la noto. Liliana parece querer decir algo, pero no lo hace, y su silencio me golpea como un ladrillo en el pecho. Llegó a mí en medio de un desastre, la gente que quería lastimarnos nos unió, pero no hay debate en que quien nos separó no fueron ellos, fui yo mismo.

Me congelo en el acto, como si alguien hubiera tirado de un freno de emergencia. La miro, con la respiración agitada y el corazón desbocado, y me doy cuenta de lo que estoy haciendo.

—Lo siento... —murmuro, apartándome un poco—. Lo siento, Lili. No quería…

Ella no dice nada, y su silencio me duele más que cualquier palabra, porque sé que el hecho de que no podamos contenernos uno con el otro no significa que eso no la lastime.

Le doy un beso en la frente, como si eso pudiera borrar lo que acaba de suceder, y me obligo a dar un paso atrás.

—No volverá a pasar —le prometo, aunque no sé si me estoy engañando a mí mismo.

Sin esperar una respuesta, salgo de la habitación antes de que pueda perder la poca fuerza de voluntad que me queda. Cierro la puerta detrás de mí, apoyándome en ella por un momento mientras trato de recuperar el control.

Pero mientras respiro hondo y trato de calmarme, solo puedo pensar en una cosa:

Estoy perdido por Liliana. Yo lo sé. Ella lo sabe. Y ninguno de los dos hará nada al respecto.

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