Sin embargo, Kiara continuó comiendo con la mirada baja.
Ni siquiera levantó las pestañas.
Como si Patricio fuera un fantasma invisible.
Patricio esperó unos segundos más.
Pero ella seguía sin mirarlo.
La sonrisa de Patricio se congeló un poco.
Frunció el ceño y se aclaró la garganta, intentando llamar su atención.
Pero quien levantó la vista no fue ella, sino Rosana, que lo miró con el ceño fruncido.
Rosana azotó los cubiertos contra la mesa, con expresión de profundo fastidio y asco.
—¿Otra vez tú? ¡Qué mala vibra, pareces una plaga!
El rostro de Patricio se ensombreció y le lanzó una mirada fulminante.
Sus ojos estaban llenos de advertencia y desprecio.
Esa gente de rancho, sin educación... siempre serían unos igualados.
Frunció el ceño con disgusto, decidiendo no rebajarse al nivel de una pueblerina cualquiera.
Volvió a centrar su atención en Kiara.
—Kiara, al verme, ¿no tienes nada que decirme?
Su tono rebosaba un asqueroso aire de superioridad.
Finalmente, Kiara levantó la vista.
Patricio, por instinto, se acomodó el cuello de la camisa, enderezó la postura y sonrió con arrogancia.
Pero...
Los ojos fríos e insondables de la chica lo miraron con total indiferencia. No había la más mínima emoción en ellos.
No había ni un rastro de la reacción que él tanto esperaba.
Lo miró con tranquilidad, entreabrió sus labios rojos y pronunció una sola frase con lentitud.
—Lárgate de aquí.
La sonrisa de Patricio desapareció de golpe. Su rostro se tensó.
Pero, incluso después de ofrecerle la salida perfecta, rebajándose a ser él quien diera el primer paso...
La expresión de Kiara seguía siendo gélida.
Patricio frunció más el ceño, sintiendo que su paciencia se agotaba.
—Kiara, si bajas la cabeza ahora y me pides perdón, haré que todo el equipo de última generación que traje sea para ustedes.
—Es tecnología de punta que cuesta millones.
—Y tu equipo ya no tendrá que dormir en ese chiquero.
Su tono adquirió un matiz condescendiente, como si le estuviera dando limosna.
—Conmigo protegiéndote en esta isla, nadie se atreverá a meterse contigo.
Se inclinó un poco hacia adelante, mirándola fijamente a los ojos.
—Kiara, sé que me amaste por muchos años. ¿Cómo podrías dejar de amarme de la noche a la mañana?
—Sé que todo este esfuerzo y sufrimiento que has estado pasando es solo para demostrarme de lo que eres capaz. Para que yo vea tu brillo.
—Pues ya lo vi. Y estoy dispuesto a permitirte volver a mi lado.

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