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Indomable: No soy la chica que echaste romance Capítulo 1120

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Bajo la luz proyectada, aquellos insectos gigantes parecían multiplicarse y crecer sin control...

Era como si ya los tuvieran encima, devorándolas vivas.

Ambas olvidaron por completo cualquier rastro de decencia y orgullo, y comenzaron a arrastrarse desesperadamente hacia la ventana.

Presas del pánico más absoluto...

Empezaron a pelearse por salir primero.

La ventana ni siquiera estaba tan abierta.

Se empujaban, se daban de codazos, aplastándose la una a la otra en un intento por ser la primera en escapar por aquel hueco.

Al final, las dos cayeron por la ventana, rodando por el suelo de la forma más patética y humillante posible.

Sin importarles el dolor del golpe, siguieron arrastrándose sobre manos y rodillas para alejarse del lugar.

—¿Qué está pasando?

—¿Quién está gritando así?

—¿No será que las del Equipo Atrapasueños están armando otro escándalo?

El ruido había sido ensordecedor.

Cuando las dos mujeres lograron alejarse a rastras del laboratorio...

Unos haces de luz de las linternas de los guardias les apuntaron directamente a la cara.

—¿Quién anda ahí?

El equipo de seguridad corrió hacia ellas, rodeándolas en un instante.

A lo lejos, los demás participantes, que habían salido a medio vestir para ver qué pasaba, se encontraron con la siguiente escena:

Dos mujeres, con el cabello alborotado como locas, arrastrándose por el suelo como perros.

Y así, gateando, llegaron hasta los pies de los guardias de seguridad.

Aún en esa postura humillante, levantaron la cabeza y comenzaron a gritarles a los guardias:

—¡Bichos! ¡Hay miles de bichos! ¡Está infestado de bichos!

—¡Rápido! ¡Mátenlos! ¡Son insectos mutantes, son muchísimo más grandes que los normales!

—¡Toda la isla está llena de bichos, toda la isla! ¡Quiero irme de aquí, sáquenme de esta isla!

Al escucharlas...

Los demás participantes soltaron un suspiro de asombro y horror.

¿Otra vez los bichos?

—Las reglas de la isla son claras: todos los participantes deben estar en la zona de dormitorios después de las diez.

—¿Puedo saber qué hacen ustedes dos aquí?

Pero ninguna de las dos prestaba atención a lo que decía el capitán. Abrazadas la una a la otra y temblando de pies a cabeza, seguían apuntando hacia el Laboratorio de Élite SS:

—¡Entren rápido y mátenlos! ¡El lugar está lleno de bichos mutantes! Si no los matan ahora... ¡si no los detienen, van a mutar y se harán más grandes y peligrosos!

El capitán frunció el ceño y les habló con firmeza:

—Dejen de hacerse las locas y hablen claro. ¿Qué estaban haciendo aquí? Les recuerdo que este es el laboratorio del Equipo Esperanza.

Hizo una pausa, entrecerró los ojos y su voz se volvió cortante como una navaja:

—¿Y cómo saben ustedes que hay bichos en el laboratorio del Equipo Esperanza? ¿Acaso se metieron a escondidas?

Esa simple pregunta...

Hizo que todos los participantes que miraban el alboroto soltaran exclamaciones de sorpresa.

—¡Es verdad! Estamos a las afueras del Laboratorio de Élite SS. ¿Qué diablos hacían estas dos merodeando el laboratorio de otro equipo?

—En plena madrugada, metiéndose al laboratorio del mejor equipo de la isla... ¿Qué más podrían estar haciendo?

—Pues está clarísimo: como son unas inútiles y no pueden sacar ni un solo dato para su proyecto, vinieron a robarse los resultados de la Maestra Kiara.

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